THE EARTH IS NOT A COLD DEAD PLACE…

Publicado: 13 junio 2013 en La Rebelión De Las Masas

Mirando mi piel veo algunas cicatrices: una me cruza el gemelo derecho, otra cubre una rodilla,  algunos mordiscos y arañazos adornan el resto de mi anatomía, unos por placer y otros de origen desconocido. Alguna vez he tenido ojeras de esas violáceas que me daban un aspecto de golfa vividora cuando salía de un after a las 2 de la tarde, pero ese tipo de ojeras son atractivas a ojos masculinos; se piensan que has tenido una noche intensa y quieres rematar la mañana. En las yemas de los dedos apenas tengo huellas dactilares porque ,debido a un accidente,  me los quemé con un producto químico y alguna vez he tenido problemas a la hora de hacerme un pasaporte o renovar  dni. La pena es que no se me borraran del todo y así hubieran tenido que identificarme de alguna manera exótica creada por una mente perversa (las formas de besar, morder y escupir son únicas).

Siempre me han gustado las cicatrices físicas; cuentan mi historia, dan cierto relieve a mi piel y proporcionan entretenimiento a dedos, bocas y lenguas ajenas. Nunca me han preocupado ni traumatizado.  Las emocionales -e incluso las intelectuales- son tema aparte. Siempre que me imagino mi corazón lo visualizo como la caja-puzle  de Hellraiser: un objeto raro que si se abre desata lo mejor y lo peor de mundos desconocidos. Porque eso es lo que pasa con las personas como yo:  nuestro estado de ánimo, sensaciones y deseos cambian a la velocidad de la luz. Por eso soy insoportable para largos períodos de tiempo. Ni siquiera yo me aguanto más de unas horas.  Realmente no sé si es bueno o malo porque el concepto de estabilidad que marca la sociedad me da bastante asquito y, además,  porque he encontrado cierto placer en vivir con la Mery luminosa y, sobre todo, en experimentar y disfrutar de una Mery más sórdida y oscura. Sin embargo, a diario recuerdo a las dos en infinitos detalles y confieso que aprendes mucho más  de la tristeza, el dolor, el hambre, la soledad impuesta y la incertidumbre, pero sería estúpida si no reconociera que todas ellas, juntas o por separado,  mermaron una parte de mí de manera tan brutal que a veces me asombro de haber llegado hasta aquí.  Tampoco me quejo, no tendría sentido, y estoy orgullosa de que todo eso no me haya hecho dañina pero sí me ha provisto de una coraza impenetrable. Es como un hotel con millones de habitaciones, unas de lujo extremo y otras son cuartuchos llenos de ratas, pero en la planta más alta está el ático y por muchos ascensores y escaleras que haya, nadie llega arriba. Unos se pierden por el camino y otros prefieren estancias inferiores. A muchos directamente se les veta el acceso. Lecter hablaba del “palacio de la memoria” y yo escribo sobre el hotel emocional, hotel en el que yo misma decido salir del ático y alojarme en diferentes habitaciones. A veces las ratas son mejor compañía que las alfombras mullidas sobre las que tanto me gusta andar descalza.

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Por eso en las cicatrices emocionales, lo malo de ser fuerte no es que te protejas constantemente, es que hace que  pierdas la poca sensibilidad que te queda y te aferres al tipo de vida que llevas  con tanta ansia que ni siquiera sabes que podrías llevar una vida mejor. Es como los sueños: nunca debes depender de ellos porque no respetan ni el sentido ni la razón. Por eso prefiero la realidad, la que nunca te miente, porque para mentiras ya estáis tú y los demás, y los demás rara vez detectan mis cicatrices en una mirada, en la forma de pestañear, en un imperceptible movimiento de cejas, en mi forma de hablar o actuar. Y además, qué coño… estoy bien entrenada; como ya dije hace tiempo, diseñada para resistir.

Sería absurdo que, llegados a este punto, pensárais que me refiero a asuntos sentimentales. Para nada. Sólo en dos ocasiones me marcaron lo suficiente, una por el torbellino sexual y emocional que supuso y otra por el daño.  Disfruté mucho de la primera y aprendí todavía más de la segunda. Luego quedan esas personas que te dejan cierto gusto a posibilidad, y siempre son las más interesantes, pero, en general, creo que he sido yo la que ha destrozado corazones a mordiscos, aunque  en mi defensa alegaré que muchas veces no eran corazones sino egos que se merecían la dentellada. Y,  por lo que observo a mi alrededor, veo poco amor y mucha soledad. Más bien diría poco amor y mucha supervivencia. Y, señores, hay que saber elegir con quién complicarse la vida.

Quizá por eso me siento cómoda en los sitios a media luz, en horas de madrugada; cómoda con el dolor y el sabor de la sangre; habituada a descubrir que el camino de baldosas amarillas ni siquiera está asfaltado.  Me muevo con facilidad entre libros y cuadros viejos, estaciones de tren desvencijadas y aeropuertos abarrotados de masa gris. Me anestesio con música para acallar unos fantasmas que a veces no son tan transparentes como quisiera. Experimento con todo para conocer las debilidades de los supuestos vicios y por eso no tengo miedo al  alcohol,  drogas, cuero, látex, seda , ni a otras opciones sexuales; ni siquiera a la indiferencia, que es el mayor temor de toda esa fauna que necesita la aprobación del rebaño para seguir respirando. Devoro novedades con un apetito cada vez más insaciable. Si descubro algo maravilloso-intenso-espectacular-único, sufro porque sé que hay más esperándome.  Y en determinadas situaciones me siento espectadora porque ya sé cómo van a terminar. La anticipación, el ver más allá de mis tetas, es una putada, pero acabé comprendiendo que jugaba con ventaja e irremediablemente hice trampa, porque los barcos están a salvo en el puerto, pero no se hicieron para eso.

Sólo me inquieta el ver caer el tiempo en los relojes de arena. Aún queda mucho por hacer.

Soy un raro. No puedo soportar al ser humano en su estado actual, he de ser engañado. Los psiquiatras deben tener un término para designar eso; yo también lo tengo para los psiquiatras-Charles Bukowski

comentarios
  1. AB dice:

    Llegó el verano, será por eso que te desnudas de piel para adentro…y te quedas tan a gusto.

    A los hombres nos encantan las tias como tu, podría decir aqui muchos adjetivos, pero “intensidad” es la palabra justa. Muchos nos pasamos la vida buscando una, o a la persona que nos mire a los ojos y suceda ese algo donde todo cambia, por eso el comienzo es lo mejor, luego en un espacio de tiempo indeterminado nos enamoramos…

    Es entonces por alguna extraña razón donde nada nos llega, ni el amor, ni el sexo, ni cualquier locura temporal, es entonces donde cometemos el “error” e intentamos cambiarlas, porque necesitamos todo de ellas, todo es todo. Y poco a poco nuestra chica punk se convierte en una marujilla que sabe cocinar y todo se derrumba con los primeros michelines, con la falta de intimidad, con los secretos de vidas pasadas, y al final el misterio de resuelve y pesan las verdades y el miedo a nuevas cicatrices hace que te quedes ahí, esperando el milagro….hasta que se encienden los focos y te acuerdas que la vida esta llena de principios y finales de esos….. y ahora toca despedirse y duele.

    Es por eso que querer y desear no son lo mismo, pero no hay una escuela para aprender a sentir, sin embargo si puedes ser…..astronauta?

    Como especie hemos avanzado mucho en cuanto a relaciones sociales, todo va rápido y facil, debemos adaptarnos todos, si no sabes sentir en su justa medida eres victima, si no valoras y te valoras también, pero todo en su momento y a la vez, al fin y al cabo es lo de siempre “se aprende viviendo”.

    A muchos nos pasa, aprender a vivir solos es la cuestión, parece facil pero es largo, complicado y aburrido. Será por eso que a veces disparamos sentimientos al viento, quien los pille que salte, que disfrute y que de gracias por poder leerte, tocarte, compartir el tiempo, un instante o simplemente una mirada.

    Luego, con las idas y venidas, aprendes, yo no creo es eso de que te hace más duro lo que no te mata, nonono. Te hace más tolerante, aprendes a ponerte en la piel del otro, aprendes a comprender algo tan complicado como los instintos y al final, al final te quedas con lo que ella te da, y así sabes que poco o mucho siempre las tienes ahí.

  2. Anónimo dice:

    Ja, Ja, Ja
    Qué gracia me hace la gente, cualquier pava se quita capas como una cebolla cualquiera y os bajáis los pantalones
    A ver si salís más a la calle que somos muchas las tías normales que os hacemos falta en vez de tanta perturbada

  3. Pixelado dice:

    Estaba buscando alguna película curiosa y.. supongo que más curioso imposible

    No dejes de agitar a las pequeñas masas😉

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