KARTUM…

Publicado: 1 febrero 2016 en La Rebelión De Las Masas

Hace años una persona me propuso matrimonio a diario durante los dos años y medio que duró nuestra relación. No falló ni un día salvo los 5 últimos.

Desde los 7 años he escuchado música a diario. Echad cuentas.

Sólo he tenido una muerte en mi entorno personal y me destrozó para siempre. Cuando pienso en ello me falta el aire y no sé por qué, pero siempre imagino apuñalar un lienzo y rasgarlo de arriba a abajo, notando cómo se rompe cada fibra al paso del cuchillo, expresando el sonido del dolor.

La confesión más extraña que me han hecho fue una madrugada loca, en la barra de un local de Chueca; una chica de unos 30 años, a la que me habían presentado horas antes, me dijo que le excitaban sexualmente los niños. Sobre todo si llevaban calcetines cortos blancos de encaje. Que se lo había contado a su familia y de acuerdo con ella, habían decidido ingresarla en un centro específico de cierta ciudad castellana. Se marchaba en 15 días y nadie de su entorno sabía nada. Ella se «maldecía» a diario; tenía pánico y se mantenía alejada de los críos. No entendía por que le sucedía y buscaba muchas respuestas. Me dijo que me lo había contado porque le inspiraba confianza aún sin conocerme de nada. Pedimos 2 vodkas y le dije que me parecía muy valiente por enfrentarse al problema. La última vez que la vi -esa misma noche- se enrollaba con mi amiga Cris y ambas intentaban seducir a Martin -otro amigo- en un sofá desvencijado.

Odio la canela. Y odio que en los postres la gente sirva siropes, nata, caramelo, toppings y demás mierdas de esas.

Me llevo mucho mejor con los hombres. El problema son sus parejas y los celos, pollos, performances y demás situaciones que acompañan. Tanto que aburren y me da mucha perecita quedar con determinadas personas. Aquí incluyo a esos pobres carentes de personalidad que escuchan y asumen a diario la frase «no quiero que vuelvas a hablar con X». Señores, un poco de fiereza en la vida y quizás también unas gotas de amor propio.

Mola sorprender. Tal y como explica Sean Connery en «Finding Forrester», yo también me pongo los calcetines del revés. Un mucho por comodidad y un poco por rebeldía. Aún así, preguntad a montañeros de verdad y veréis que, en su mundo, es de lo más normal.

Fangoria cantaba eso de «Mientras tanto, miro la vida pasar…» y justo eso es lo que hago yo a través de vuestros estados y fotos de WhatsApp. ¡Qué culebrones! ¡Qué subidas y bajadas de testosterona y progesterona! Es como retornar al instituto y a los 14 años.

Siempre me han atraído las profundidades. “Entre sombras escucho…” que escribió Keats (os recomiendo la VO, “Darkling I listen….”, Ode to Nightingale). Quizá por eso me identifico tanto con Dorian Gray. Lo que me salva es no tener el dinero suficiente para dedicar parte de mi tiempo a esas profundidades. Si lo tuviera, sería terrible porque siempre habrá algo nuevo que probar o alguien nuevo a quien corromper. A veces (ahora mismo, de hecho) me he preguntado si por eso soy una mala persona, pero no consigo definir o encontrar una respuesta clara y completa. ¿Es ilícito o inmoral querer ir más allá o hacer que alguien renuncie a sus teóricos principios o creencias?. Me vais a hablar de respeto, claro, pero… ¿y si yo sé que esa persona o situación realmente quieren ir más allá?. ¿Libre albedrío?, sólo para lo que nos interesa. Detecto anhelos en la gente que me rodea; en el trabajo, en las señoras que viajan conmigo en el autobús, en los que hacen cola en el súpermercado… la gente cree que no, pero cuando dices las palabras adecuadas ves destellos vidriosos en el fondo de sus ojos que sólo tienen una traducción: “quiero más”. ¿Está mal mostrarles el inicio el camino de baldosas amarillas?.

Últimamente no me ubico. Me sorprendo a veces divagando sobre conceptos demasiado grandes. Sin embargo, cada vez me encuentro más incómoda con los pequeños obstáculos cotidianos. Si me apuráis, más harta que incómoda. Veo mucha mediocridad que día a día que me succiona energía vital y me exaspera a partes iguales. Sé que no todo el mundo va a entender la frase, pero a veces me cuesta mucho vivir.
No sé. Yo, que he desafiado océanos, ahora me ahogo en charcos.

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