THIS SILENCE KILLS…

Publicado: 7 enero 2017 en La Rebelión De Las Masas

Llevo semanas en las que -día a día- pienso o recuerdo algo y me digo que sería perfecto para empezar una entrada en este blog. Quizá debería tomar notas, pero la premeditación no me apasiona y las trampas tampoco.
No sé quién lee el blog, pero lo más seguro es que sea alguien que ha caído de rebote poniendo alguna palabra o frase en un buscador y se quede porque la curiosidad es muy amiga del tiempo libre; o porque zambullirse en palabras ajenas es muy terapéutico. En este momento sólo puedo desgranar pensamientos de manera desordenada, aunque como diría Charlie Crews, «todo está conectado».

Hoy he cometido un error. Uno de los más graves. Yo lo llamo “tirar de nostalgia”.

Por cosas que no vienen al caso, he releído mails desde 2005. De mucha gente; de unas personas más que de otras. Todos éramos más altos, más guapos y más interesantes. Todos hicimos promesas y pedimos deseos. Todos imaginábamos y soñábamos con dragones  que han resultado prácticamente imposibles de vencer. Y todos seguimos cruzando furtivamente el callejón hacia el lado oscuro.

Una de esas personas me prometió lo imposible: que lo nuestro siempre sería especial independientemente de las compañías de la vida. Una promesa frágil como un copo de nieve que se ha disuelto antes de rozar el suelo. Yo profeticé un «cuando te eches novia nuestra relación de intensa amistad se acabará y te limitarás a enviarme un WhatsApp por mi cumpleaños y otro por navidad» y tuve que escuchar un “jamás” repetido de mil formas distintas aún a sabiendas de que no era verdad. Pero la profecía se ha cumplido y de una forma dolorosa y melancólica. Porque cuando tú construyes una torre, lo último que pones es la princesa y el dragón, y lo primero es el foso, el puente colgante y la puerta. Cuando has colaborado en la creación de una obra de arte desde el inicio, luego te parece increíble el olvido final.

Aquí debo aclarar que soy terriblemente idealista; que creo que las parejas, maridos, follaamigas, etc. pasan y que la amistad es uno de los pocos nexos indestructibles que deberían quedar. Y no hablo de una amistad de facebook, de 4 días o de esas de “conocidos”. Hablo de algo grande, desde los inicios de etapas importantes de vida, de confesiones a horas intempestivas, de peticiones insólitas, de broncas intensas, de millones de mensajes absurdos, de intercambios constantes de sucesos, de vivencias, de dolor, de furia, de deseo… Es absurdo intentar plasmar todo eso aquí.

Lo que me sorprende es la capacidad de resetear, de olvidar y anular. Entiendo que es como un castigo, aunque aplicado de manera incorrecta y a la persona equivocada. Lo peor de todo es la nostalgía. Sólo echas de menos lo que -y a quien- has conocido y respirado. No está bien desvelar todos tus secretos ni darte al 100%. No, no y mil veces no. Porque la decepción te acaba esperando al final del camino para pegarse a ti y sacudir todas tus sensaciones. Entras en el bucle de “no lo entiendo, con todo lo que hemos compartido y, sobre todo, pasado”.

Quizá en eso está la clave. Que la gente prefiere vivir de manera establecida y simple, dejando a un lado las cosas y personas complicadas. Gente feliz con su sofá Klippan de Ikea, con cenar y follar en secuencia clásica -mucho al principio y poco al final-. La verdad es que me decepcionaría, pero llegados a este punto… Cuando alguien puede vivir sin acordarse de ti, ¿qué sentido tiene lamentarse?. Yo echo de menos a esa persona algunos días y todas las noches. Me siento agrietada y árida; con esa tristeza que te asfixia a deshoras y sin farmacia de guardia cerca.

Quizá la culpa es mía porque yo vivo en la más absoluta independencia y considero que lo que siento es suficiente sin tener que estar expresándolo cada 20 segundos. A veces me ha echado en cara eso de “parece que no te importa” o “llevo X sin saber nada de ti”. No hablar con alguien en días o meses no significa -en mi manual de instrucciones- que no pienses, desees, cuides u odies a esa persona. Al igual que yo necesito un amplio espacio para moverme y respirar, entiendo que los demás agradecen lo mismo. Aunque ya creo que no; es como si a la fuerza he tenido que entender que necesitan de cercanía con una palabra, un icono o un sonido. Aún así, hay protocolos que siempre hemos cumplido, y esta es la primera vez que los ha roto. Me siento decepcionada y atravesada por la incredulidad y por vocecitas susurrando constantemente un “tú lo profetizaste; ahora, ¿de qué te quejas?”.

Quizá es porque llevo mal este tipo de dolor; cuando bajas la guardia y te implicas te vuelves vulnerable y añades una capa más de keratina al caparazón. Quizá por eso las tortugas viven tanto.

Quizá es que hay gente que se apunta una carrera y queda a la mitad, dándole igual llegar a la meta.Yo, por el contrario, siempre sigo hasta el final y ni siquiera contemplo la posibilidad de perder.

Quizá es que mi sentido de la lealtad no es el mismo que el del resto.

Quizá es que esto ya no era suficiente.

Quizá es que ya no suena la música.

 

P.d. La canción fue uno de sus últimos regalos. Me encantó, pero me enamoré de las notas del arpa, como si fuera la melodía de una caja de música con una  trágica historia. Lo más gracioso -y quizá lo más triste también- es que no va a leer esto.

Hace 4 años, el Nen me dejó este comentario, y creo que es TAN, TAN apropiado para esta noche, que lo he recuperado para poder dormir con un un 2% de tranquilidad.

“En los años sesenta, la ciéncia buscaba la célula abuela. Se decía que en el cerebro podría haber una célula que contuviera toda la información relativa a nuestra abuela. En realidad, no existe tal cosa, afortunadamente, porque de lo contrario, bastaría con destruir una única célula para que se perdiera definitivamente un recuerdo. De hecho, un recuerdo no está fijado en un lugar preciso del cerebro, se trata de una reconstrucción que hace en un momento determinado el lóbulo frontal.
Cuando pensamos en alguien o algo , si evocamos su cara, se trata de una tomada de los recuerdos visuales. Si pensamos en su voz, sería un recuerdo auditivo. Si recordamos su perfume, uno olfativo. Si evocamos los paseos con el/ella, el recuerdo sería visual y espacial. Reconstruir el recuerdo en un momento determinado es la tarea del lóbulo frontal, que recupera las informaciones necesarias en otras áreas del cerebro (auditivas, visuales, gustativas, olfativas…).
En realidad, parece que, cuando adquirimos una información, una vez procesada en el circuito de Papez, esta vuelve a las áreas donde se percibió inicialmente. Pero cada una de esas áreas no representa más que un elemento del recuerdo. Y, para reconstruirlo completamente, es preciso reunir todos esos elementos.
Los recuerdos no desaparen nunca o difícilmente, ya que es casi imposible borrar todos los elementos que los componen. Esto explica, también, por qué, a veces, no tenemos más que recuerdos parciales: hoy podemos ser incapaces de recordar el perfume de nuestra abuela, pero es muy probable que dentro de unos días sí lo consigamos.

Mi recuerdo auditivo simpre ligado a tí.”

 

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comentarios
  1. AB dice:

    Emocionante.
    No existe nada mejor para escribir que un poco de soledad, de dolor, de rábia, bienvenida.

  2. Anónimo dice:

    Siempre hay alguien que pasa de nuestra face y eso que ganas porque para qué quieres gente así a tu alrededor?lo agradecerás con el tiempo.Sólo es señal de que no interesas lo bastante.

  3. Moogito dice:

    “tú lo profetizaste; ahora, ¿de qué te quejas?” ❤

    La vida es un ir y venir constante. Hacemos una lista ?

    *Da igual que suenen a Simple Mind, Joy Division, New Order o the Cure… Me encanta estas reminiscéncias Darkita .

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