Soy muy canalla.
Me encanta esa expresión desde que un italiano me envió una postal a Madrid que decía «Sonríe como tú sabes, canalla!».
Rebel, Rebel que cantaba Bowie.
La piel de los lóbulos de las orejas es excitante; igual que las marcas violáceas de fusta en unos muslos blancos y torneados.
Los colores neón sólo quedan bien en los flotadores infantiles.
Sexo durante los documentales de la familia Panero. Quiero.
Jaque a las reinas de verano con faldas de chambray.
Sabina y su tema «Una de romanos». Penita de cines modernos.
Cicatrices para coleccionar.
Y así todo.

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NORTEN…

Publicado: 1 octubre 2014 en La Rebelión De Las Masas

El fin de una era.
La muerte de una sensación.
El ocaso de aquellos nervios.
La finalización de una aventura.
El desenlace de una película siempre nominada y nunca ganadora.
La última salida.
El tope de todas las preguntas sin contestar.
La meta de esa carrera de obstáculos sin dorsal.
El cierre del telón.

Sherlock: ¿Alguna vez te has preguntado si hay algo malo en nosotros?

Mycroft: Todas las vidas se acaban, todos los corazones se rompen… el cariño no es una ventaja, Sherlock. 

Siempre he tenido claro que las decisiones soy muy hijas de puta. Pero no tanto si lo son más antes o después de ser tomadas.  Decidir es como fumarte el primer cigarro, meterte la primera raya o dejar que ese tipo que te guste meta la mano por debajo de tu falda; es atrevido, arriesgado y casi un poco indecente; te llenas tan sólo con pensar en hacerlo, es la cacería, no cobrar la presa.

A parte del sentir que estás cruzando al lado oscuro, la otra parte melancólica de decidir es esa sensación de miedo, de la eterna pregunta sin respuesta “¿me equivocaré?”, del riesgo no calculado y el vértigo que te marea durante algunos segundos.  Decidir es valiente; te convierte en tu propio héroe y a veces en el de los demás, aunque creo que es más el rebaño subiéndose al carro del pastor. Decides, ergo eres el líder. Luego serás un santo o un cabrón, pero siempre el líder. Oirás cosas como “es un imbécil pero hay que reconocer que sabe lo que hace”. Pues claro que lo sé: DECIDO. Y por eso, porque tengo que decidir, mis niveles de simpatía, empatía y todo lo que acabe en -tía muchas veces están agotados o en low battery y tú lloras porque “no te doy las buenas noches con un beso en la frente”.

Decidir es ser el señor Lobo y solucionar problemas teniendo que levantar una ceja- o las dos- la mayoría de las veces. Casi nadie os lo dirá, pero decidir implica ser humilde. Mucho. Algunos pensaréis que más que humildad es rebajarse  y deshacer los pasos andados.  Os equivocáis, chatis. Reconocer que tu decisión es errónea  es lo más grande incluso antes de existir Rocío Jurado. El problema es lo que cuesta, ¿no? y más aún rectificar. Sí, ya sé eso de “rectificar es de sabios”, pero no, no sabiduría, es supervivencia absoluta por ti, por tus principios y tus creencias. Supervivencia para volver a decidir y pasar por la salida cobrando los 20000 y con la tía buena agarrada del brazo.

Decidir supone mermar considerablemente tus reservas del “y si”. Y si hubiera llamado a aquel chico…y si hubiera ido solo a ver aquella película, y si me cae un tiesto porque salgo de casa, y si pido el aumento y me dicen que no, y si me lo hubiera follado por la oreja…y si, y si… Son como afilados cristales clavándose cada cierto tiempo en tu mente y haciéndote añorar una decisión. Claro que… los anestesiamos vilmente con la falsa seguridad, creyéndonos a salvo hasta la próxima vez que nos asalte el recuerdo. Y creedme, los recuerdos son tan hijos de puta como las decisiones;  juegan en la misma liga y a veces tienen la mala costumbre de compartir campo. Si esto sucede, sé precavido y no elijas al alcohol como árbitro porque terminarás con penalty y expulsión.

 

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P.D. El futuro… 3 años de de estadísticas, monitorizaciones, primarios, servidores, gateaways, sais, SLA, KPIS, Itil, disponibilidad, pasta, problemas y 17 personas a mi lado y contra mí. Un Darth Vader encima de la impresora.  Viejo y nuevo. El mar enfrente y la lluvia como amiga con derecho a roce…

 

 

 

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Todos ellos forman parte de mi vida sea la hora que sea.

Son gente maravillosa que hacen que,  en momentos en los que no espero nada, me hacen sentir que lo tengo todo.

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P.D. Las tórridas, en la siguiente entrega…

 

CRÊME BRÛLÉE…

Publicado: 19 mayo 2014 en La Rebelión De Las Masas

 Uff. Comprar personas es como ir al teatro pero decidiendo tú el son al que quieres que baile la gente. Todos tenemos un precio y no siempre es dinero. Tomad nota.  Es como tener un grupo de marionetas a tu disposición para liarla, pero recordando que no me seducen los finales felices.

Hacerme la tonta cuando gente de mi entorno me la ha querido colar. No hay nada más excitante que ver a la gente disimulando actitudes cuando tú ya sabes lo que están haciendo. Es fascinante ver las torpes telas de araña que tejen a tu alrededor. Ensimismamiento puro. Al final tenía razón aquel libro: lo más importante de un secreto es saber que eres su portador, no el secreto en sí.

Las reinas no hacen tratos.

Cejas. Me gustan mis cejas.  Mucho. Definidas y marcadas. Hay una estúpida moda ahora de afinarlas, pintarlas y repintarlas. Pobres palurdas. Se creen que es algo nuevo y Estrellita Castro y Marlene Dietrich ya lo hacían hace mil años.  Estoy fascinada con ” Sunday” de Jarle Bernhoft.  Cómo no, de mano del nen.  Por skype me recuerdan que soy hermética, reservada y sinónimos del estilo. Es gracioso porque en la mayoría de revistas femeninas puedes leer artículos infumables con consejos tipo “no le cuentes tu vida o le  espantarás/sé misteriosa y caerá rendido a tus pies” y mierdas de esas y resulta que yo, que lo traigo instalado de serie, pues nada… que es malo, muy malo. Como una patata frita revenida y blanda.

Los errores. Creo que en la mayoría de ellos ya sabemos con anterioridad que va a ser un error. Lo sabemos pero nos lo negamos; somos así, avestruces vestidas de Zara y Topshop viviendo el  mundo interior de “Mi pequeño pony”. Y no se puede cometer el mismo error dos veces,  porque la segunda vez no es un error, es una decisión.  Existimos muy poca gente capaz de tomar decisiones. Para colmo, normalmente la masa nos premia como seres “excepcionales, atrevidos, visionarios, echados pa’lante” cuando deberia ser lo normal.  Pensar, actuar. O ejecutar que suena a rotundidad absoluta.  Me da mucho asco la gente que delega sus decisiones personales, incluyendo las más nimias, en otras personas. No voy a hablar ya de la pareja que eso es puaj (que tu churri te llame para ver qué marca de leche compra dice mucho de él  pero más de ti. No hay futuro y fin.), sino de decisiones diarias, laborales, emocionales, e incluso físicas. Los humanos somos poco valientes. Siempre envueltos en la tibia gelatina del miedo al  qué diran y cómo me juzgarán.

Luis me contó una vez que odiaba la colonia Nenuco porque una de sus lagartas utilizaba toallitas de esta marca para limpiarse la sonrisa vertical y cuando practicaban sexo oral todo le sabía a la dichosa colonia infantil. Esto me lleva a recordar otro artículo de revista femenina donde insistían en que una mujer no debe usar colonias infantiles porque “eres toda una mujer, no una niña”  y “el hombre ideal sabe ver la diferencia. Debes usar un perfume único para que él sepa que eres única”.  Lo raro es que, leyendo esas mierdas, no se haya tirado por un barranco más de la mitad de la población femenina; lo triste es que, aunque esa mitad acabe en el barranco, la otra mitad hará caso al artículo y subirán las acciones de empresas perfumistas.

Los conversos. Son atroces. Ex gordos, fumadores, bebedores,  geeks, solteros, vividores. Todos ellos con la palabra EX delante. Qué asco dan.  Ellos y, sobre todo, ellas. Se transforman en verdugos de todos aquellos que no seguimos sus directrices y se pasan todo el santo día con la frase “pues yo desde que no fumo, bebo, follo, X… soy mucho más feliz y más sano y tú deberías hacer lo mismo porque vas a acabar fatal”. De verdad que los encerraría a todos en un ascensor y rodaría un remake de Cube. Qué cansinos son, siempre necesitados y hambrientos de reafirmación, sorbiendo y alimentándose de supuestos excesos ajenos. Estaban frustrados antes y lo siguen estando después del cambio. Es gracioso ver cómo creen que suben de nivel y comprobar cómo la prepotencia se convierte en su nuevo horóscopo.  Maltratados emocionales pasados de rosca intentando hacer estragos para sentir una felicidad minúscula.  No es verdad que no me gustan los conversos; en el fondo me encantan porque sus nuevos principios son tan frágiles que es divertido dejarse sectarizar para luego, con una palabra o un gesto, hacerles añicos.  Joder tía, cómo te pasas, no? Eso no es de ser buena persona. Ya, claro, que no, amiguitos del progressive, pero es que yo no tengo claro qué tipo de persona soy. Soy justa, pero no buena o mala.

Estoy a la espera de una decisión que no puedo tomar yo y que posiblemente cambie el rumbo de mi vida. Normalmente soy una discreta y ávida observadora, pero en situaciones como ésta, en la que no participo, me transforman en una chica guapa con ojeras que se desliza a través de largas noches y extraños días elucubrando una respuesta que tarda en llegar. Mis uñas son más  rojas y largas que nunca y me descubro tamborileando con los dedos, como si en cada movimiento o sonido estuviera la clave, la contraseña, la puerta 2 y el apartamento en Torrevieja.

Tengo un fan. Desde hace bastante tiempo. Me llama con número oculto por las noches y algún que otro atardecer. A veces deja mensajes en el contestador pero no habla. Sólo respira y se oye ruido de fondo. Si contesto, cuelga. Así es imposible una relación, señores. La verdad es que me da igual quién sea y si me conoce o no. Recuerdo tiempos febriles con Nathan y Alejandro  y días de 600 WhatsApps (dato literal). Qué fascinantes son la intensidad y el juego.  ¿Qué sería de la vida sin la depredación?

Y en eso estamos…

 

PUK…

Publicado: 24 marzo 2014 en La Rebelión De Las Masas

No es que no tenga nada que contar: es que es demasiado; incluso para aquí. Por eso, en determinadas tormentas, mi puerto, mi faro, mi isla Tortuga… es el papel. Y escribo corto, como esos cafés de polvo y máquina de tanatorio.

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He recibido este mail y creo que la vida es como la cinta de Moebius o como el movimiento hipnótico  de las anguilas en un acuario.

“Tienes razón, no conozco tus “estilos”. Error mío. Debería haber dicho: No es el estilo que tenía hace años y que es el que teníamos en antaño, así que no sé si te va o no. Te adjunto otro relato(Tengo pocos traducidos al castellano). Es un estilo… diferente. Es un pequeño relato immerso en otro escrito mayor, pero que funciona bien como independiente.  Otro día te traeré lo que yo considero mis pequeñas obras maestras.

El foro es dónde ahora resido. No es un mal foro. Hay gente inteligente, a veces se cuelan hilos interesantes. No hay casi “hoyguen”. Es un lugar donde puedo hacer discurrir mis pensamientos y que alguno pueda comprenderlo. Un foro donde puedo ver reflejada mi inteligencia.

Como tengo tiempo y quiero hacer un poco de reflexión freudiana como si tuviera título de psicoanalista, voy a hacer un soliloquio. Por qué? Bueno, puedo.

En general, en la vida, he vencido. Hace cuatro años que me hice el tatuaje. “Sín límites”. Cada vez que me lo veo recuerdo aquél momento y el porqué(Soy un simple perro pavloviano) y me siento orgulloso. Cuánto he mejorado. Mejoré porqué decidí hacerlo. Estuve mucho tiempo sin escribir. He estado con una chica durante más de dos años. Hace poco me vine a vivir a Cuzco. Necesitaba. Lo dejamos, pero soy un romántico. Tenía la esperanza, vana obviamente, de que quizás cuando volviera a Barcelona podríamos volver a disfrutar de nostros mismos. No fue así. El viernes me dijo que tenía otra persona. Ah, dioses, crueles e irónicos son. Escribí esos tres poemas en una discoteca. Cuando estava como un maniático bipolar bailando, llegó a mi corazón, como si asaltaran una fortaleza, miles de palabras y emociones hechas letras. Pedí un bolígrafo a una camarera y un papel, y mientras todos los demás de la discoteca hacían el gamberro y intentaban imitar a un buen bailarín, yo creaba genialidad. Una genialidad que pocos podrían comprender. No porqué sea difícil, sino porque mi letras son unas letras que necesitan voluntad, sensibilidad y, como en este caso, algo de conocimiento literario(Lo básico, pero quién tiene ahora conocimientos básicos cuando lo más común es leer mierdas y olvidarse de la base?). Ella me hacía mejor persona. Creí que por primera vez en mi vida, no habrían problemas y que bailaríamos bajo la luz de la luna, haríamos el amor más veces de lo que es moral (Creo que la moralidad de la iglesia la tasa en 0) y tendría, por fin, yo, un hogar otra vez. Me duele. Recordé aquellos momentos solitarios de hacía cuatro años y, como perro Pavloviano, me acordé de ti. Después de un éxodo de felicidad y comer perdices, vuelvo a la tierra de prometidas soledades. Quizás por volver a ella me veo ahora mismo y me comparo con hace tanto. Afirmo, con rotundidad absoluta, que lo que quise, lo logré. Ahora vuelvo al lugar dónde nos dicen que tenemos que empezar a correr en busca de una vida, pero no tengo claro que esta vez quiera correr hacia la meta. De hecho no quiero correr.  No es que esté cansado, es que simplemente las líneas rectas… son tan aburridas. Soy como un perro(No pavloviano) persigo cosas. Veo una cosa brillante y divertida y correré hacia ella. Quizás alguna contenga un mi ansiado final feliz, con princesa, pero la mayoría solo serán noches de luces y fiesta. Aunque no lo encontrara, nunca dejaré de perseguir cosas. No está en mi estilo.  De hecho, y perdona si voy a hacer esta afirmación, creo que tu y yo no nos rendimos. No consideramos la posibilidad de perder, sí, conocemos bien este hecho, pero aunque lo hayamos visto no lo contemplamos como algo posible, sino como una catástrofe o… algo que realmente no debería sucedernos. Sabemos que el mundo está a nuestros pies.

No voy a enviar mi poema a un concurso. Ya no lo hago. No ansío una gloria de cuatro estúpidos que no sabrían distingir una buena obra de Crepúsculo. Tampoco ansío el reconocimiento social. Solo quiero el reconocimiento de mis iguales. Escribo, lo publicaré, pero lo sé, la masa no me leerá. Pero quién querría algo que ansían las masas? Y quiero el reconocimiento de esos cuadrados y catedráticos culos que solo aspiran a mierdas aburridas y sin genio, pero que sobretodo, que tenga aire de “clásico”? No. También desprecio aquellos que buscan “romper todo el establishment”, jugar a ser un esteta decadente y bohemio.  En definitiva, no haré de mi vida literatura. Mi vida es mi vida. Mis escritos consequencias de mi vida, no mis objetivos. Por lo que veo, sigues igual que siempre, no?”