Posts etiquetados ‘Asco’

Estoy viendo cómo contratan a gente por 9000€ cuando antes ese perfil estaba en 12.500.

Escucho frases tipo “no te quejes, tener trabajo es un lujo”, “estamos en crisis y es normal que recorten, ya se pasará”

Leo declaraciones increíbles de políticos de muy diferente pelaje y ahí siguen, en sus puestos y durmiendo cada noche bajo la cálida manta de la impunidad.

Observo cada vez más gente comiendo los mismos macarrones, la misma ensalada de pasta y el mismo arroz día tras día. Cada vez me encuentro más Bmws, Audis y Mercedes en los supermercados de “bajo nivel”.

Amigos profesores me cuentan que tienen niños cogiendo de las papeleras los restos de bocadillos que tiran sus compañeros porque en casa no han cenado ni han desayunado. Alguno incluso se les ha desmayado.

Oigo a un señor político prohibir el aborto eugenésico por discapacidad del feto mientras sus otros amigos políticos recortan y/o eliminan todo tipo de ayudas: asistencia social, transporte, educación especial, rehabilitación, terapias de apoyo, etc.  Volveremos a los tiempos de irte a abortar a Londres y traer a tus amigas Cuqui y Piluqui unas cajitas de After Eight.

Alucino con la masa “escrachadora” cuando estoy segura que muchos se abstuvieron de votar en las últimas elecciones. Quizá si la lucha empezara en las urnas no terminaría acosando a gente en sus entornos privados.

Es cierto que mucha gente ha vivido “por encima de sus posibilidades” por su inconsciencia, pero también porque otros lo han permitido. Creedme: trabajé para un banco durante casi 2 años y vi cómo se concedían créditos a gente con nóminas de 600€ e ingresos en B de 1500. Con trabajos ellos en la construcción y ellas como asistentas; sin declarar, por supuesto. Pero no  importa, porque el banco les daba un crédito para la casa, el coche,  los muebles y para que se fueran al Caribe a darle un beso a Curro.  Recuerdo especialmente a una señora que pidió 6000€ para celebrar la semana santa en Málaga porque “ay hija, el Cristo del Gran Poder es lo más grande” y a otra que solicitó 3000€ para el vestido de la comunión de su hija y una consola porque “la comunión sólo se hace una vez en la vida y a la niña le hace ilusión vestir de princesa”. Es verdad que eran unas inconscientes, pero aún es más verdad que se dejaba aplicar a los bancos  hasta el 23% de interes en este tipo de préstamos al consumo.  Fueron el nuevo espíritu santo: clientes-bancos-gobierno. Lo malo es que, de momento, sólo los primeros están pagando las consecuencias.

Quizá lo peor de todo, lo que más asquito me da es que no tenemos políticos ni partidos alternativos. El perfil de todo el que se mete en política es lamentable. No saben, no leen, no intuyen, no se instruyen, no nada de nada. Quizá el origen del problema son las los partidos de las nuevas generaciones. Sitios donde no importa tu vocación, tu cultura, tu formación, etc. NO. Importa que estés allí las 24 horas aunque no hagas nada. Importa que te pongas bien visibles las pegatinas con el logo del partido. Importa que vayas a chillar a los mitines y a sujetar más que nadie las pancartas en las manifestaciones de TU partido. Aunque no estés de acuerdo. Hazlo, querido, porque te estás asegurando el camino para ser ministro y poder decir gilipolleces sin que te echen mientras te pagan por ello.

Pero Mery, qué cosas dices !!!! eso no es así !!!!. Para variar, conozco un caso personalmente: siempre fue el chico gordito y feo al que  en plena adolescencia  las tías no hacen ni caso; ya sabéis, el típico “te quiero como amigo”. Y una tarde se apuntó a un partido político para “conocer gente”. Empezó a colaborar los fines de semana en el bar del partido; recogía mesas, servía copas y por supuesto, hablaba siempre en la lengua autonómica por excelencia. De ahí pasó a repartir pasquines por las calles, a pegar carteles, a dar charlas a los jóvenes y aprendió el exquisito arte de llevar  un jersey sobre los hombros aunque fuera agosto y hubiera 40 grados a la sombra.  Eso sí, con las féminas seguía sin comerse un rosco, pero ya se le empezaba a conocer como “Pepe, el del partido X” y muchas de esas féminas le decían “hola y adiós” mientras las mamis dejaban caer comentarios en la charcutería tipo “Pepe, qué servicial es, ese chico llegará lejos. Una lástima que no sea mono”.  Pasaron los meses y Pepe aprendió a llevar traje hasta para dormir y las mamis elevaron su fealdad a la categória de “tiene un no sé qué” para terminar en un “no es guapo, es muy atractivo”.

Pepe se dejaba querer aunque a solas seguía siendo vulgar y sin ningún tipo de cultura política, pero su timidez inicial dio paso a la soberbia y a la prepotencia. La gente de su localidad empezó a saludarle por la calle y a consultarle todo tipo de cosas.  Se sacó la carrera a duras penas y “compró” un par de másters de esos que te puedes poner en el CV para llenar espacio. Salió elegido concejal, “una de nuestras jóvenes promesas que llegará lejos” rezaban los diarios locales y esperó pacientemente en una empresita privada a dar el gran salto. En medio quedaron las malas formas con los compañeros, las broncas, el traer regalitos de sus viajes al extranjero a las compañeras que se quería tirar, la ausencia de resultados en su cuenta e incluso una pelea física con un subordinado. Todo eso quedó oculto a los medios y al resto del mundo.  Y por fin llegó el salto: director general de una organización pública, sueldo altísimo, cochazo de empresa, y entrevistas por doquier en prensa, televisión e internet. Pasó a ser “Don Pepe” y a poder elegir con quién compartía sábanas. Empezó a rodearse de esas féminas estupendas, guapas, elegantes y floreros que meses antes habían dicho que era “repulsivo” y “un hortera”. Y todo esto con 30 años. Por supuesto, no todo fue estupendo, hubo algunas críticas que se quedaron en nada, y eso teniendo en cuenta que él y su proyecto eran pagados por todos los ciudadanos.  Pero pasó el tiempo y Don Pepe perfeccionó su ropa, su acento, sus amistades e incluso sus actividades sociales. La única lucha que perdió fue con los kilos, que perdía y cogía constantemente para su disgusto. Al final decidió que, de cara a las mujeres, su cuerpo era un tema secundario, porque ya lo suplía él con viajes, regalos de firma y enormes ramos de flores. “Quédate a mi lado y vivirás como una reina. A cambio sólo tienes que follar con mi cuerpo fofo, soportar mi prepotencia y sonreir cuando te exhiba como un trofeo de caza ante el resto del mundo”. Y una firmó. Y Don Pepe pasó a ser el político perfecto con la pareja perfecta. Y la suerte volvió a sonreirle cuando le ofrecieron un ascenso y entrar a formar parte del gobierno. Sí, vale. En un departamento discreto pero con bonitas vistas al futuro. Y ahí sigue, queridos lectores, con más sueldo, coche e influencias que nunca. Pero no le hables de política porque no la entiende ni sabe debatir sobre ella. Porque repite prehistóricas frases de su partido como mantras mientras sonríe y piensa “que no me pregunten”. Porque no sabe lo qué es el comunismo, ni el neoliberalismo ni la república ni la derecha ni la izquierda. El sólo distingue dos cosas: los que opinan como yo y los que no.  Y sabéis?? como decía la mami de la charcutería, llegará lejos no, lejísimo.  No me sorprenderé cuando dentro de un tiempo le vea en el congreso gritando y vociferando, más embrutecido que nunca, pero protegido y acolchado por este sistema monstruoso al que hemos permitido crecer.

Y por todo esto, me gustaría irme a Laponia. No sé muy bien a qué,  quizá a cuidar renos; pero me iría ahora mismo con los ojos cerrados. O a las Maldivas  a nadar con tortugas y cocinar tortilla de patatas “typical spanish” para los turistas.

Sé sobrevivir, pero es que cada vez me cuesta más encontrar motivos. Storm, Moog, mis gatos y la música son algunos de ellos. El resto de personas y cosas oscilan y no siempre hay conjunciones planetarias satisfactorias para todos.

P.D.  El mundo sigue: mi  mebita se ha enamorado de una lagarta con escamas tan gruesas como los vasos que sirve /Soy un bicho raro porque no sigo Juego de Tronos, (quizá porque si quiero tramas complicadas, me releo la Ilíada) y prefiero las rarezas como Black Mirror o  Sherlock de la BBC. Por qué?? por sorprenderme. Porque descubrir una magnolia sobre el estiércol es muy reconfortante/ Konoka sigue intentando llevarme al lado de la fuerza, pero yo disfruto demasiado del lado oscuro / Ayer leía sobre Sade y entiendo su gusto por la virginidad: es como apoderarte de algo que nadie más va a tener, y sus jadeos, espasmos, frases y sentimientos son únicos durante esos minutos y su valor es incalculable. Es como corromper la inocencia, aunque a veces el proceso de caza es lo más atractivo. Por mi experiencia con algunos chicos vírgenes puedo decir que son muy agradecidos y que luego te profesan para siempre una especie de lealtad maravillosa/Me gusta mi familia de Twitter,  mejoran días muy, muy malos/ Jokerman sigue compartiendo con Danae sus instintos más bajos y ella sabe que mientras haya un columpio en la madrugada, todo irá bien / Y así todo….

P.D2. “Algunas aves no deben estar encerradas. Sus plumas son demasiado brillantes… y cuando escapan, la parte de ti que sabe que fue un pecado haberlas encerrado se regocija, pero la parte con la que vives se siente vacía y triste de que se hayan marchado”

Se llama Nacho. Tiene casi 49 años. O eso dice él, pero el dni con el que se hace las rayas nos chiva que son 53.  Con canas y barriga incipiente que mete hacia dentro cuando ve a una chica guapa. Pero Nacho, por supuesto, está casado. Con Gema, “su amor de COU”, como le gusta decir en reuniones familiares. Siempre pensó que casarse le garantizaría follar cuando quisiera, pero firmó el contrato del matrimonio sin leer la letra pequeña: Gema decide cómo, cuándo y dónde, y no suele decidir muy a menudo. Ella todavía está “de buen ver”, como presume él -de nuevo en las reuniones familiares- pero cuando la ve ducharse por las mañanas sus ojos reconocen las caderas gastadas, las estrías de sus pechos caídos y el gesto torcido. A Nacho no le preocupa eso; al fin y al cabo para un polvo de Pascuas a Ramos no hace ascos a nada; a menudo se masturba pensando en algunos vídeos de lesbianas follando que tiene guardados en los favoritos del “yutuf ” ese. Y de vez en cuando se permite una alegría cuando va a las reuniones anuales de su empresa que siempre terminan igual: a las 5 de la mañana lo mejorcito del grupo inicial acaba visitando algún local discreto cuyos nombres siempre suelen ser “Paradise Club” o “Elegance Place”. Las elige rubias, delgadas y compra besos, cocaína y orgasmos al módico precio de 300€ la hora. A Nacho a veces le remuerde la conciencia y piensa en romper con todo y dejár atrás la vida de mierda que lleva con su Gema, con los hijos, con el cabrón de su jefe y hasta con el perro que tiene que pasear a las 7 de la mañana. Sus sueños no se han cumplido: quería vivir en en centro y se mudaron a un chalet de extraradio porque “para los niños es ideal”; no importaba que él se chupara todos los días 2 horas de tráfico para llegar a la oficina, no. Todo por los niños.  Tampoco quiso tener hijos pronto, pero ya se sabe, es lo que toca después de casarse. Y primero llegó el niño y luego las gemelas. Jódete Nacho. Gemelas que ahora tienen 15 años y su padre no duda que terminen trabajando en el Paradise Club teniendo en cuenta la pinta que tienen cuando salen de marcha.  Nacho cree que un par de azotes a tiempo hubiera evitado esto, pero no, porque nuestro Nacho pertenece a esa generación de padres colegas que no regañan a sus hijos y hacen de las videoconsolas  unas excelentes niñeras. Tampoco folla todo lo que quisiera. Sí, eso es, “cuando pasen las navidades le digo a Gema que se acabó y me divorcio”-piensa Nacho. Pero luego su mente vuelve a su barriga, a sus canas y a su mediocre vida y resuelve que su Gema le tiene muy bien atendido, con la comida siempre hecha y la ropa perfectamente planchada, que su chalet de extraradio es la envidia de algunos de sus amigos porque tiene piscina y que su jefe es un inútil pero le deja en paz. Y Nacho se convence así mismo de que en el fondo -muy en el fondo- es todo lo feliz que esta vida le permite ser y apura el tercer carajillo del día. Sí, debería beber menos, pero…

Todas sus amigas le dicen Vicky, pero ella lo odia y siempre insiste en que la llamen Victoria. E insiste porque Victoria le suena a algo grande, a triunfo, a elegancia, a seda cara. Casi orgasma cuando una voz al teléfono le dice “Señorita Victoria, su taxi la está esperando”, porque siente que no toca el suelo mortal y sueña con una mullida alfombra cubierta de euros proporcionada por un príncipe azul solvente y cariñoso. Victoria tiene 26 años pero aparenta 20; la genética fue generosa con ella y le ha dotado de una cara aniñada y un cuerpo perfecto y elástico. A veces le cuesta creerse hija de sus padres, ellos tan de pueblo,  tan toscos, tan inmigrantes de una Extremadura muerta de hambre. Por eso Victoria no suele hablar de su infancia en un barrio obrero donde a lo máximo que aspiraban las adolescentes es a casarse con “Paco el mecánico” porque “los coches siempre se estropean y tienes el porvenir asegurado”.  Pero no; ella siempre fue un paso por delante de las demás y se dedicó a rechazar sistemáticamente todas las proposiciones que le hacían los chicos -y no tan chicos- del barrio. Ella aspiraba a algo mejor, a salir de esa casa que olía a repollo cocido y a escapar de la mugre emocional que desprendían sus padres y por eso se esforzó en estudiar con ahínco aún a sabiendas de que no iría a la universidad. Su primer trabajo fue en una tienda de ropa, vendiendo supuesto estilo y glamour a bellezas de polígono. Ascendió rápido; como chica lista que era aprendió a representar el papel de dependienta ideal –“Te sienta genial, es que con ese cuerpo ya me dirás, incluso podrías llevar una talla menos si quisieras, no, no, no te hace gorda, es que las tallas las han reducido, ya sabes, los fabricantes que no entienden cómo es el cuerpo de las mujeres, sí, sí, todos gays, qué esperas, ja, ja, ja, entonces te lo llevas, no? ahora te cobro, oye has pensado en llevártelo también en blanco que con tu piel es ideal, ideal ? “– y en poco tiempo Victoria fue la encargada del local. Y fue precisamente ese puesto el que giró su vida 360º. Su tienda pertenecía a una gran cadena y la mandaron a una convención textil como representante. Victoria no era ingénua y sabía que era más debido a cómo quedarían sus larguísimas piernas en la escueta minifalda del uniforme que a sus aptitudes profesionales. Y fue ahí, en el stand en el que se tiraba 10 horas al día promocionando trapos, donde él se acercó y le hizo una broma sobre las pobres modelos. Victoria, viendo su traje, el Rolex y sus maneras desenvueltas de persona de mundo, no le sacó del error y  se dejó envolver en la baba de sus palabras sabiendo cómo acabaría esa noche.  Y por supuesto acabó en el asiento trasero de un Mercedes, desparramando su virginidad en la blanca tapicería de cuero a cambio de una tarjeta de visita que le abriría las puertas de su actual mundo, intercambiando fluidos por pretensiones.  La mente de Victoria vuelve al presente; se baja del taxi y entra en casa.  Tiene un mensaje en el contestador…