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Mi palacio de la memoria tiene las cortinas ajadas y polvorientas. Sopla cierto aire gélido como de cristal roto maldiciendo otros 7 años de tu vida.

Me acuerdo de Nathan al ver sus fotos perdidas entre destellos de mi vida. Era tan guapo que dolía. Lo más atractivo de él era precisamente su ignorancia respecto a su belleza; nunca supo lo extremadamente perfecto que era. Aún esta noche observo su perfil, su sonrisa, la línea de su barbilla y me estremezco. Una auténtica belleza. Fui su primera vez de muchas cosas. Hábil en el juego, dulce en  privado y algo quemado en el fondo. Quiero que tenga suerte en todo y mataría a cualquiera que le hiciera daño, a pesar de que creo ser precisamente yo el final más dañino. Él me odia, pero yo le sigo adorando desde lejos, y su devoción, su amor y su deseo será una de las cosas que se vendrán conmigo cuando todo se acabe. Como “Miss Independent” de Ne-Yo.

Cristina era sexy, rotunda, bajita y estaba muy confundida. Durante 1 año entero me persiguió de turno en turno de trabajo buscando una señal, una revelación y quizás una cita. No recuerdo qué noche sucedió, pero sé que fue una noche. Todo lo bueno pasa de noche. Como “A night like this” de The Cure. La presión de su cuerpo cuando se sentaba encima de mí en los momentos performance de las fiestas de aquella empresa es otro de esos recuerdos que tiene habitación propia. Nunca pasó nada, y siempre me dijo -y me dice- que soy su única cuenta pendiente. Es de las pocas personas de las que me sé su teléfono de memoria y sólo lo he marcado un par de veces a pesar de toda nuestra intensidad.

Xabi era alto, desgarbado y melancólico. Una reencarnación de Lou Reed. Como “Almost Blue” de Chet Baker. Locales de paredes oscuras salpicadas de neón. Horas de aeropuertos y sábanas de hoteles cómplices de los instintos más primarios. El único que se atrevió a regalarme un perfume carísimo sin saber si me iba a gustar. “Es como tú”-me dijo, “extraño, huele bien y nunca lo había visto antes”. Se me ocurrió pintarle con mi barra de labios y llenar sus pestañas de un rímel negro como un final digno de Philip Marlowe. Me envolvía en música antes, durante y despues de cada intento, de cada tragedia, de cada sorpresa. Fue el primero al que regalé rosas blancas. Sólo ha habido un segundo más.

Alex me tocó una madrugada los primeros acordes de “Miracle of love” de Eurythmics con su guitarra a través de un teléfono. 3 minutos antes le había dicho que era uno de mis punteos favoritos. Recuerdo que se hizo un silencio y al poco empecé a escuchar ese rasgueo nostálgico. Es la única persona que he conocido que había leído el libro de la niña Beba que hablaba con su abuela sin que los adultos supieran que era un bebé que charlaba por los codos. “Y también he léido Jim Botón y Lucas el maquinista, qué te crees”me reprochó. Su belleza residía en su cerebro. Una especie de Arthur Miller con un deportivo negro donde paseaba a las bellezas rurales de cierta localidad. Frágil y estúpido en un 60-40%. A veces echo de menos la activación mental que tenía lugar en nuestros contactos.

Pedro fue la línea de salida. La primera competición. Con los ojos verdes como un gato experimentado y algo canalla. Me recogía a las 4 de la mañana, me daba un beso y me dejaba en casa. La primera vez  estuvimos sin comer 2 días; no había tiempo, ni ganas ni necesidad. Tenía un sofá verde oscuro, como musgo en medio del salón, donde yo dormía sin recuerdos, inmersa en una especie de paz temporal, como el ronroneo de una lavadora o el tacto de toallas cálidas y secas. Me regaló una esmeralda traída de Colombia que había comprado 3 años antes de conocernos. Yo le di muchas capas de mi cebolla y más sexo aún. Su médico me insistió en que no podía ser todo tan intenso.Una noche, me dijo que no a una petición, y fue la decisión más sensata que he visto tomar a alguien en mi vida. Sin embargo, una mañana sonaba en la radio del coche “19 días y 500 noches” de Joaquin Sabina y me lo dijo: “eso me va a pasar a mí; cuando esto se acabe, tardaré en olvidarte 19 días y 500 noches”. Me sacaba 14 años y tenía razón. Como siempre.

El palacio de la memoria me recuerda que quedan 5 minutos antes de cerrar. El camino se vuelve más oscuro y profundo y los pasos quedan amortiguados. Aparecen las 2 últimas estancias; las más grandes. Pero no debemos tentar a la suerte.

El mundo se desmorona.STOP. Las princesas se bajan de sus zapatos y los príncipes esconden la corona. STOP. El corazón que me dio el mago de Oz está dando problemas. STOP. No encuentro gente con cremosidad espiritual. STOP.  Cuenta la leyenda que cuando no puedes dormir por la noche es porque estás en los sueños de otra persona; gilipollez de almanaque. STOP.  Kundera decía que los amores son como los imperios: cuando desaparece la idea sobre la cual han sido construidos, perecen ellos también. STOP. Siempre es un placer escuchar a The Mission. STOP. La palabra “sureñidad”, muy a mi pesar,  no está en la RAE. STOP. Todo el mundo debería leer “Leaves of Grass” de Walt Whitman. STOP.  He aprendido que lo malo de prestar atención es que no siempre te la devuelven. STOP.  Dicen las encuestas que el 77% de las chicas piensan que son feas. Yo creo que el 100% no lo son. STOP. Cuando más trabajo más tengo claro que el poder va por un lado y la realidad por otro. STOP. Sigo manteniendo la habilidad de hacer nudos a los rabos de las cerezas con la lengua. STOP. Me gusta la gente que tengo en WhatsApp y todo lo que me aportan. Incluso los que sólo se comunican por iconos. STOP. Un consejo aplicable a casi cualquier faceta de la vidal: nunca tendrás lo que merezcas, tendrás lo que negocies. STOP. Paletos, paletos everywhere; apestamos a ruralidad y a rancio: sólo hay que entrar en un Zara o en cualquier garito que nombren en televisión. STOP. Sí, eres guapo pero bajito. STOP. Murió Fraga, murió Carrillo, muere Chávez, Fidel wins. STOP. En todas las monarquías han existido amantes, sólo se diferencian en el gusto de la pieza a elegir. STOP.  Si no has visto Black Mirror, a qué coño esperas?; si no te ha gustado, hazte un escáner y un test de Rorschach por si acaso: lo tuyo no es normal. STOP. Sí, esa falda te hace gorda. STOP. Ah… tú preguntaste. STOP. Me gusta cuando todo se derrumba a mi alrededor; me excita el olor de lo inesperado y el desastre. STOP. Para mí la adversidad es un chute de oxígeno que me hace sentir viva. Por eso me fascina la sordidez: mugre emocional bajo las uñas y en las sábanas. STOP. Por fin ha vuelto Bowie; y sigue grande, muy grande. STOP. Los planos  del rostro de Blanca Suárez, y las gilipolleces de Javier Cámara y Carlos Areces son lo único que merece la pena de la última de Almodóvar, “Los Amantes Pasajeros”; el resto, puedes dormitar cómodamente en tu butaca. STOP. Tengo más hambre de sensaciones que nunca, y eso es bueno pero también muy peligroso; nada como querer descubrir para meterte en el callejón más oscuro. STOP. Cuando nadie te espera, irse cuesta mucho más. STOP. Ahora mismo tengo 38’7 de fiebre y algunos escalofríos. STOP. Siempre tendré debilidad por Poe y Wilde. STOP. A veces me gusta sentirme a la deriva porque la necesidad  motiva y te hace sacar la cabeza del barro. STOP. Mirando los libros de contabilidad me encuentro con que la vida me debe 5 años y algunos meses; quizá tenga que desahuciarla. STOP. A mi famosa frase de “única donante de corazón viva” puedo añadir la de “discapacitada emocional”. STOP. Mi amigo Martin me confesó hace tiempo que  le hice correrse con un chupetón en el cuello; teníamos 17 años. STOP. He ido a un médico y he salido con 4646 €  menos. STOP. No te quedes con alguien sólo porque te da paz o cocina bien; quédate con alguien que te vuelva la piel y mente del revés y que nunca te haga promesas adulteradas. STOP. O quédate con alguien que folle bien, que te haga sentir sucia y satisfecha y que  te haga comer todos aquellos “yo jamás haré…”. STOP.  Yo pruebo, arriesgo, aventuro. STOP. Nuevo tipo excitante: Rafa Spunky. Tremendísimo (con el permiso del señor Carlos Berlanga) . STOP.  Puede que esté del lado de los ángeles, pero no soy uno de ellos… STOP.

“…Y el impávido cuervo osado aun sigue, sigue posado,
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará…¡nunca más!”

Me llamó a las 4 de la mañana para decirme que por fin la había dejado. Que se la había follado 2 veces más y que se volvió a casa sin ducharse. Que llevaba ya media hora en casa y se sentía incapaz de darse una ducha porque eso significaría desprenderse definitivamente de ella, de la tibieza de su piel, de su perfume, del olor de su coño que todavía tenía en los dedos. Me dijo que estaba sentado en el sofá marrón, en ese sofa donde se la había follado tantas veces. Bueno no, mejor dicho donde ella se lo había follado tantas veces. Se había metido su cuarta raya de la noche y al notar el sabor amargo por la garganta me dijo que hasta esnifando se acordaba de ella. Ella que tenía la manía de esnifar con 1 billete de 100€ y que siempre lo llevaba en la cartera por y para ella. A veces lo hubiera necesitado para comprar alguna cosa pero no quería usarlo y tener que reponerlo con otro nuevo del cajero: ese billete era de y para ella; me dijo que le fascinaba recordar cómo ella lo enrollaba delicadamente, con sus dedos delgados y pálidos, como si fuera el la operación más delicada del mundo. “Se follaba el billete, se follaba las rayas y me follaba a mí” me repitió 3 veces, “pero siempre supe que yo tenía fecha de caducidad”.

A las 4:45 me contó que la primera vez que se enamoró de ella fue por su voz. La conoció por temas de trabajo recomendada por el amigo de un amigo de otro amigo y el primer contacto fue eléctrico: cuando ella le pidió que le mandará la información por email se lo dijo en un tono tan ambiguo que él se puso cachondo al otro lado del teléfono. Estuvo toda la noche pensando en ella, en su voz, en la forma de pronunciar su nombre y acabó llamando a una amiga de esas que sólo puedes llamar a las 5 de la mañana para terminar corriéndose encima de ella sin apenas haberla desnudado. La amiga le soltó que era un cerdo egoísta y él le contestó que del cerdo se aprovechaba todo mientras la ponía de rodillas y le daba material para tener la boca ocupada.

A las 5:12 se metió la quinta raya y le oí servirse una copa mientras me relataba su primer encuentro en un Starbucks de mierda que él odiaba.  La reconoció de entre toda la chusma que pedían cafés con olor a canela porque la escuchó dar las gracias a un camarero. Rubia, botas altas marrones, flexible y opulenta de formas. “Casi gorda” me dijo que pensó. “Rebosante” fue la palabra que se le vino a la mente. Y descubrió que no sólo no le molestaba sino que se imaginó esas caderas amplias y abundantes encima de él, abrumándolo, mientras sus manos intentaban abarcar una cintura imposible. Hablaron durante 3 horas aunque él supo desde el minuto uno que iban a acabar en la cama.  Y también supo que siempre sería ella la que dominara la situación porque él ya estaba enganchado a ella, a su voz, a sus vaqueros demasiado estrechos y su forma de acariciar las cosas: la cuchara, la mesa, la taza. “Me estaba volviendo loco al verla acariciar lentamente el borde de una taza con los dedos” -me dijo bajando la voz- “era como si me enseñara lo que me estaba perdiendo por seguir allí hablando con ella en vez de tirarla sobre mi cama”.

A las 5:31 se cortó la llamada. Elegí la tecla 5 de mi teléfono -siempre le gustó ese número- y mientras una voz aburrida soltaba eso de “el teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura en este momento”, mi teléfono fijo sonó estridente. “Se me jodió la batería” suspiró resignado-“pero mira, así ya no soy el único al que han jodido esta noche”. Me dijo que la odiaba. Que ella estaría durmiendo medio desnuda con esa tranquilidad que te proporciona un buen polvo de madrugada. “Me dan ganas de ir y follármela otra vez” -resopló- “pero volvería a perder y sólo me queda un trozo de ego para salir adelante”. Me dijo que hacía frío, igual que cuando salieron del Starbucks y ella le propuso compartir un taxi. En la radio del taxista sonaba “The Dock Of The Bay” de Otis Redding y ella, mientras miraba por el cristal, tarareaba y apretaba su muslo contra el de él. Él pensó que sería el efecto de las curvas y el tráfico, pero descubrió que no, que si él apartaba su pierna, ella volvía a pegarse a él , firme, intensa, haciendo notar su calor. Se excitó como un adolescente y le dijo al taxista que mejor les llevara a Castellana 123. Y ella no se sorprendió, ni se negó ni dejó de mirar por la ventana.

Y ahí empezó todo.

Y ahí se jodió todo.

Llevo como 15 minutos escuchando a un grupo que muchos conocéis. Guitarras rompiendo el final del día y una voz bastante cascada que eleva al mismo ritmo mis niveles de mala leche y perversión. Estoy inquieta, efervescente, hambrienta de no sé el qué.  Quizá sea la llegada del frío. Al contrario que la mayoría de humanos que prefieren el calor, yo disfruto de las bajas temperaturas y creo que el frío es una sensación mucho más reconfortante.  El frío es atractivo, da mucho juego y su fauna somos para echarnos de comer aparte.

Es como los viernes. La gente liga y sale los sábados. Yo siempre he preferido los viernes de invierno. Observad qué bien suena, “los viernes de invierno”. Si te pones cachondo sólo con pronunciarlo… Recuerdo una fría noche de viernes sentada en una acera con los tacones en la falda y mirando las uñas rojas de mis pies a través de las medias. Borrachera monumental, claro. De esas de empezar a las 5 de la tarde y a las 4 de la mañana seguir pidiendo Jack Daniel’s como una reina. De esa noche recuerdo a Pedro, de pie, a mi lado, preocupado porque a pesar de la borrachera la conversación era de lo más coherente. Enrique estaba apoyado en la pared de atrás a ratos vomitando y a ratos metiéndose en la charla con citas de Chomsky. Recuerdo los ojos verdes de Pedro y ese instinto paternal que no podía evitar: los más golfos son los más preocupados cuando se hacen mayores. La madrugada se quería ir a la cama con los 3 y nosotros queríamos dormir solos.  He triunfado todas las noches de viernes pero muchas de ellas he elegido a mis amigos, porque lo mejor no es ganar, sino saber que puedes ganar. Lleva esta frase al terreno de los depredadores de fluidos y verás que tengo razón.  Al fin y al cabo hay más babas que buenas conversaciones y por tanto, éstas tienen un valor incalculable.

La rutina sigue siendo preciosa y azul.  Aunque siempre descubres un segundo, eterno, increíble, en el que tenemos la certeza de que todo irá bien. Que cada día será un nuevo comienzo y no habrá lunes que se nos resista. Pero al rato me descubro imaginando vidas  en los cuadros del salón, y cuando todo pierde sentido me esfuerzo en buscar señales en paredes, autopistas, libros, películas, y personas.  

Recuerdo un monólogo de  la película “Jeux d’enfants“, muy intenso, que me recuerda a sueños que he tenido últimamente:

“Felicidad en estado puro, bruto, natural, volcánico, qué gozada, era lo mejor del mundo… Mejor que la droga, mejor que la heroína, mejor que el costo, coca, crack, chutes, porros, hachís, rayas, petas, hierba, marihuana, cannabis, canutos, anfetas, tripis, ácidos, lsd ,éxtasis… Mejor que el sexo, que una felación, que un 69, una orgía, una paja, el sexo tántrico, el kamasutra, las bolas chinas… Mejor que la nocilla y los batidos de plátano… Mejor que la trilogía de George Lucas, que la serie completa de los Teleñecos, que el fin del Milenio… Mejor que los andares de Emma Pill, Marilyn, la Pitufina, Lara Croft, Naomi Campbell y el lunar de Cindy Crawford… Mejor que la cara B de Abbey Road, los solos de Hendrix. Mejor que el pequeño paso de Neil Amstrong sobre la Luna, el Space Mountain, Papa Noel, la fortuna de Bill Gates, los trances del Dalai Lama, las experiencias cercanas a la muerte, la resurrección de Lázaro, todos los chutes de testosterona de Schwarzenegger, el colágeno de los labios de Pamela Anderson, mejor que Woodstock y sus fiestas mas orgásmicas…mejor que los excesos del Marqués de Sade, Rimbaud, Morrison y Castaneda… Mejor que la libertad… Mejor que la vida.”

Definitivamente, Octubre no ha empezado bien, lo que significa que acabará aún mejor.

P.d. Cántame este tema de Cohen y haré realidad todos tus deseos.

P.d2. Sí. Esos también…

 

Llevo un rato escuchando a Iván Ferreiro. Da igual si es sólo o con sus Piratas.  Música desparasitando mis arterias.  Yo lo llamo terapia musical, tiene ese efecto reconfortante y envolvente que me calma cuando el demonio deja KO al angelito de mi hombro izquierdo, y de repente, se ha colado una canción del nen, un tema de esos que  escucho y al instante lo asocio a él, y siempre sonrío y lo echo de menos a partes iguales.  Alguna noche os hablaré del nen en profundidad, y, aún así, no pasaréis de la primera capa.  A veces creo que si pudiera lo metería en una urna de cristal suspendida en el aire, fuera del alcance de todo y de todos, sólo para mí y para la música, para la creatividad, para el buen gusto y las mentes superiores. Por suerte, me alimento al leer y escucharle casi a diario, como una manía de esas de antes de dormir. Creo que le he querido desde la noche en que le conocí pero nunca hablamos de eso porque es lo que permite que la llama siga encendida tanto tiempo después. Jokerman me entiende, verdad?

Podría hablar de mi traslado laboral a un sitio de esos que salen en todos los telediarios del mundo, pero llevo dos semanas a un ritmo frenético y como que psé. Sólo sé que estoy realmente contenta de por fin ser una “Irontec girl”.  Es increíble trabajar con gente tan hambrienta de “más” y con un trato impecable para lo peques que son.

Por lo demás, es una etapa de esas de asqueo infinito. Asco por quién nos gobierna, por los recortes, porque seguimos siendo un rebaño de ovejas que vamos de un lado para otro cada 4/8 años sin rechistar, porque vamos para atrás -pero muy para atrás eh?- porque juzgamos a gente que ha luchado por las libertades y los corruptos siguen en la calle, en las instituciones, en el congreso y en nuestras casas todas las putas noches en cada telediario.  Nos metemos con un consorte real cuando el suegro lleva haciendo lo mismo años y años pero de forma “legal” y consentida por todos… y es portada de revistas como Times sin que nadie se escandalice por ello. Pero nada de eso importa porque tenemos un iPhone y un iPad y el whatsapp, y somos la ostia de guays  subiendo la foto del papel higiénico con el que nos vamos a limpiar el culo.

 

Se me escapa el tiempo.  Noches sin reloj, perdiendo los papeles. Quizá por eso colecciono relojes de arena…

 

“¿Qué queréis las mujeres? eh, qué queréis? ¡Queréis putos supermanes! Queréis tíos fuertes pero que tengan tipín, que tengan pinta de atormentados pero que sean graciosos. Os gustan poetas, pero un poco brutos. Queréis que sean constantes pero que sepan sorprenderos, queréis que sean sinceros pero que conserven el misterio, que estén locos por vosotras pero que pasen de vuestro culo. Queréis que sean guapos pero que la belleza no importe, que tengan un buen rabo pero que el tamaño de igual… joder! ¡Queréis súper héroes del equilibrismo! Queréis que tengan la capacidad de abriros el cielo en un momento pero solo para vosotras. Queréis que no tengan secretos pero también que sean como desconocidos cada vez para que luego podáis sentir las putas hormiguitas en el estómago. ¡Lo queréis todo, coño! Todo…”

 

P.d. He mencionado a Iván Ferreiro al principio. Sin embargo, voy a dejar esa canción que se coló… No es negociable.

 

Que me despierte de madrugada con besos mojados en la espalda (babas no ¬¬) y sus dedos  se pierdan en mi nuca y en mi pelo. Que sus jadeos tengan tanto ritmo como ese tema que  nos encanta a los dos. Que se tire horas buscando diamantes bajo mi piel. Que coja un rotulador rojo y escriba “me gusta” en determinadas zonas de mi cuerpo y en otras ponga “explored”. Que me deje escribir en su abdomen una carta con tinta de chocolate sólo para equivocarme  y tener que borrarla entera con la lengua.  Enseñarle mis nuevas braguitas de Oysho y que meta sus manos por los laterales sólo para hacerme caer sobre la cama. Que me acompañe a comprar zapatos y sea él quien me los pruebe imaginándome sólo con ellos. Quiero que me sonría tímidamente y se me caiga toda la ropa.

Quiero que me espere a la salida de la ducha con una enorme toalla blanca y me enrolle en ella mientras me muerde los hombros.  Quiero salir con un grupo de gente y verle tan sexy como para arrastrarle al parking y explicarle los motivos de por qué los asientos de un S3 son mejores que los de un A8. Irnos de vacaciones y jugar debajo de una manta en el avión.  Que me regale una pulsera  y una piruleta en mi cumpleaños y  ser lo único que me ponga  esa noche para celebrarlo con él. Vendarle los ojos y susurrarle maldades sin dejar que toque. Hacerme coletas y que él me las despeine. Quiero que sea mi gato y me coma la lengua.

Sentarme encima de él y meter mis manos por debajo de su camiseta para llegar a sus hombros y comprobar por qué le queda tan bien la ropa.  Tirarle contra la cama y romper los botones de su camisa blanca porque no puedo esperar a que él se la quite.  Que juegue a que se resiste y no me deje. Que lo consiga. Que me sujete de las muñecas y me haga rabiar presionando su cuerpo contra el mío. Que me diga “¿vas a ser buena?” y yo le conteste que sí con un tono mimoso que no nos creemos ninguno de los dos.  Decirle que sólo vamos a dormir y ser la primera en arrepentirme de esa condición. Buscarle siguiendo el olor de su perfume en las sábanas. Enseñarle por qué se debe mojar el cuero antes de utilizarlo contra la piel. Quiero que me lleve lejos para devolverme al principio.

Quiero que me cuente el cuento de la princesa y el guisante…

Dicen que el mundo es un pañuelo; pero yo prefiero modificar esa expresión y decir que la vida es un clínex  que a veces está limpio y otras lleno de mocos.  Y la gente que rodea en la vida, igual.  Curiosamente quien más te odia es quien más te menciona, por lo que deduzco que he tocado fibras sensibles. Hoy me he encontrado con alguien a quién no veía hace un año y me ha puesto al día de las cosas que pasan en antiguos sitios por donde antes dábamos mucha guerra.  De verdad que es realmente increíble que pasado todo ese tiempo sigan hablando.  Me fascina. No por aumentar el ego, sino como experimento sociológico.  ¿Tan poco fructíferas han sido las nuevas generaciones que siguen con el ancla echada en el fondo?? parece ser que sí…

Revolver una mente sólo tiene 2 tipos de efecto: el bueno y el malo. Para unos  he sido, soy y seré una prepotente, drogadicta, sobrada, bisexual y bastante destroyer.  Ah, y a alguna le he robado los mimos y la atención de sus ciber -y no tan cíber-novios. A veces inconscientemente y otras con un propósito total y absoluto (no confundir con infidelidad; no es mi estilo).  Y a parte de “odiarme” por ser la reina del baile digital, luego copian comportamientos, frases, expresiones, estilos, etc. Intentan suplantar y/o imitar la personalidad del mito pero el resultado no es el deseado y se frustran antes. Recuerdo una noche que una  “fan” acabo tomándose Lexatín y con una crisis de ansiedad tras un encontronazo en la red conmigo. Y eso… en serio… me parece tela, tela, tela… ¿Cómo alguien puede acabar así por una persona que ni siquiera conoces??  Es cierto que me encanta observar y tocar ciertas teclas que hacen que la gente salte como un resorte, pero es un deporte que practico sólo con determinado público.

El buen efecto lo han disfrutado las personas que conocen mi otro lado: mucho humor, cinismo, infinitas horas de lectura, mucho curro y el impermeable que tengo por piel, que me resbala todo. ¿ Y sabéis por qué ? porque mi forma de pensar, mi identidad, mis tendencias, mi mente activa, etc es todo lo que tengo junto con mis cicatrices. Y es una buena mezcla. Me permite sobrevivir y seguir buscando nuevas  sensaciones y conocimientos sin olvidarme del precio que pago por ello.  Y a veces, creedme, ha sido muy, muy alto. Pero la autenticidad lo merece. Y aún así… el impermeable me protege de la lluvia, pero no  de las salpicaduras.

 

Socialmente está mal visto, claro. El lema ya le sabemos: “la mujer del César no sólo tiene que ser honrada, debe parecerlo”.  A mí me la suda. Si digo que me encantan DM, también digo que he ligado muchísimo por mis tetas y que bebo, y que me he drogado y que he follado, follo y follaré -espero-.  Por qué ocultarlo si es verdad?? Aquí la única que tiene que poder con la verdad soy yo… no la gente que me rodea, porque si alguien me juzga,  es que no debe estar en mi entorno. Y, señores, las malas hierbas hay que quitarlas cuanto antes, correcto???

Antropológicamente gustan más las chicas “dulces, tranquilas y monas” porque al hombre le despiertan su instinto primario de protección. Por eso también las prefieren más bajitas que ellos. Por contra, en sus sueños más húmedos sueñan con lascivas gatas de uñas rojas y vida misteriosa. Desgraciadamente eso de “señora en la casa y puta en la cama” no se cumple en el 90% de las parejas. Tengo amigas que me cuentan que cuando más “guarras” son en la cama es al principio de la relación, y luego “como ya estamos juntos (traducción by Mery:  cuando ya lo tenemos pillado como novio) no hace falta ser tan libertina”. Y esto, queridos, no es una crítica hacia las mujeres, sólo plasmo lo que me cuentan a diario algunas de ellas.

A la contra también sucede; se supone que a nosotras nos gustan los tipos grandes y más mayores porque los vemos como candidatos idóneos para proporcionarnos seguridad. Yo debo ser de un universo paralelo: no me atrae un coche de marca, un trabajo de éxito o un físico cuadrado. Como he escrito varias veces, me excitan las mentes y su capacidad de ir “más allá” lo establecido.  Y me excitan ciertos detalles que hacen que se alteren todas mis hormonas; ahora mismo acabo de recordar una foto de alguien con dos amigos en un ascensor y visualizo perfectamente la forma de sus brazos, los pliegues de su camiseta y, sobre todo, la expresión de su cara.  Recuerdo que, cuando vi esa foto por primera vez,  se apoderó de mí un instinto de lo más primario, como un chispazo. Mi mente iba por un lado y mi cuerpo por otro. O una voz hablándome de “La divina comedia”.

P.d. A algunos los disfraces no los disfrazan, sino que los revelan. Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro. Quizá por eso nunca hablo de amor en el blog...

P.d2. Si no vistéis en su momento la película  ” Cookie’s Fortune”, os la recomiendo. Os sorprenderá. Y su bso, también.