Posts etiquetados ‘Premeditacion’

03:41 am

Tengo abiertas 16 pestañas en el navegador. El aire huele dulce, como a manzanas asadas cubiertas de canela o membrillos recién cortados, culpa de un perfume de última hora. De fondo la película de un amado/odiado director de cine español y en escena un niño de grandes ojos verdes y orejas  aún más grandes versiona Moon River en castellano.

04:21 am

La película sigue de fondo y yo permanezco despierta pese a no prestarle atención. Es mi 2º día de recuperación tras la intoxicación de  la noche del 24 y tengo mi cuerpo, la mente y los horarios inestables y dispersos. En 48 horas me voy a Madrid y necesito estar en plena forma. Madrid con sus luces y sombras. Por primera vez percibo sentimientos encontrados y tengo la sensación de de invertir mis emociones en valores a la baja. La idea no me gusta, así que me revuelvo como un gato sacando las uñas, puliendo ideas, atando cabos del pasado y creando nudos para el futuro.

04:53 am

Me gusta la gente atrapada. El mundo a veces es como Cube pero la mayoría del personal se comporta como en Saw. A veces, y sólo a veces, aparece un portal que me traslada al mundo Hellraiser y allí experimento y disfruto sin límite; de lo mejor a lo peor y vuelta a empezar.  Por eso no me gusta la gente tibia, esa que nunca pone palabras a lo que siente. Esa que tiene miedo de querer, terror a entregarse, pánico a necesitar.  Y cuando nota que alguien se acerca demasiado lo aleja de sí con un gesto, con una palabra, o peor aún, sin gestos ni palabras.

05:16 am

La película llega a su fin. El ambiente sigue dulzón, como algodón de azúcar pegajoso a la espera de una lengua ávida y mojada. Alguna vez os han lamido el interior de los muslos de una forma tan lenta y agónica que habéis creído morir? Y las muñecas?. Probadlo. Aplicadlo a  casi cualquier otra parte del cuerpo. Recrearse en el sufrimiento sexual ajeno es delicioso. Cruel también; pero necesario. Ver cómo alguien asiente de rodillas. Ver cómo te camelo entre mi escote. Todas esas cosas que dicen los libros que no has leído.  Es el placer de hacer exacto lo incorrecto

05:39 am

Suena el móvil. Un email de alguien para quedar el día 2 a comer en el Bascook con mucha otra gente. Imposible.  Me fascina la gente que se comunica de madrugada, estamos hechos de una pasta -y algo de caradura- diferente. En general tengo una agenda nutrida, pero sólo algunos contactos pelean contra la medianoche y la madrugada.  Y no culpéis a whatsapp y demás aplicaciones: toda la vida he recibido, hecho y enviado llamadas, mensajes y mails a horas intempestivas. Me gusta recibir cuando no espero.

05:58 am

Otra película hace rato que ha empezado y oigo un “O sea que estás separado” – “Digamos que estoy sólo-“. Qué grande es no dar más explicaciones de las necesarias.

06:18 am

Jokerman me ha enviado un whatsapp: “Tócala otra vez, Sam…” y me pasa una canción de Sabina que él y yo conocemos muy bien. Conexión. Empatía. Experiencias. Desgaste emocional. Rayas lavadas con Ariel. Performances necesarias para sustentar lo que nos queda y poder pestañear unos cuantos días más. Vínculos frágiles como telas de araña. Bienvenidas expresiones como “Es brutal/Es una bestialidad/No me canso”.  Hola, gente intensa. Adiós, seres correctos que ofrecéis para estrechar manos frías como pescados.

06:32 am

♫ Los besos que te dan las chicas malas salen más caros cuando los regalan y huelen a fracaso…♫

06:53 am

Amanece.

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Se llama Nacho. Tiene casi 49 años. O eso dice él, pero el dni con el que se hace las rayas nos chiva que son 53.  Con canas y barriga incipiente que mete hacia dentro cuando ve a una chica guapa. Pero Nacho, por supuesto, está casado. Con Gema, “su amor de COU”, como le gusta decir en reuniones familiares. Siempre pensó que casarse le garantizaría follar cuando quisiera, pero firmó el contrato del matrimonio sin leer la letra pequeña: Gema decide cómo, cuándo y dónde, y no suele decidir muy a menudo. Ella todavía está “de buen ver”, como presume él -de nuevo en las reuniones familiares- pero cuando la ve ducharse por las mañanas sus ojos reconocen las caderas gastadas, las estrías de sus pechos caídos y el gesto torcido. A Nacho no le preocupa eso; al fin y al cabo para un polvo de Pascuas a Ramos no hace ascos a nada; a menudo se masturba pensando en algunos vídeos de lesbianas follando que tiene guardados en los favoritos del “yutuf ” ese. Y de vez en cuando se permite una alegría cuando va a las reuniones anuales de su empresa que siempre terminan igual: a las 5 de la mañana lo mejorcito del grupo inicial acaba visitando algún local discreto cuyos nombres siempre suelen ser “Paradise Club” o “Elegance Place”. Las elige rubias, delgadas y compra besos, cocaína y orgasmos al módico precio de 300€ la hora. A Nacho a veces le remuerde la conciencia y piensa en romper con todo y dejár atrás la vida de mierda que lleva con su Gema, con los hijos, con el cabrón de su jefe y hasta con el perro que tiene que pasear a las 7 de la mañana. Sus sueños no se han cumplido: quería vivir en en centro y se mudaron a un chalet de extraradio porque “para los niños es ideal”; no importaba que él se chupara todos los días 2 horas de tráfico para llegar a la oficina, no. Todo por los niños.  Tampoco quiso tener hijos pronto, pero ya se sabe, es lo que toca después de casarse. Y primero llegó el niño y luego las gemelas. Jódete Nacho. Gemelas que ahora tienen 15 años y su padre no duda que terminen trabajando en el Paradise Club teniendo en cuenta la pinta que tienen cuando salen de marcha.  Nacho cree que un par de azotes a tiempo hubiera evitado esto, pero no, porque nuestro Nacho pertenece a esa generación de padres colegas que no regañan a sus hijos y hacen de las videoconsolas  unas excelentes niñeras. Tampoco folla todo lo que quisiera. Sí, eso es, “cuando pasen las navidades le digo a Gema que se acabó y me divorcio”-piensa Nacho. Pero luego su mente vuelve a su barriga, a sus canas y a su mediocre vida y resuelve que su Gema le tiene muy bien atendido, con la comida siempre hecha y la ropa perfectamente planchada, que su chalet de extraradio es la envidia de algunos de sus amigos porque tiene piscina y que su jefe es un inútil pero le deja en paz. Y Nacho se convence así mismo de que en el fondo -muy en el fondo- es todo lo feliz que esta vida le permite ser y apura el tercer carajillo del día. Sí, debería beber menos, pero…

Todas sus amigas le dicen Vicky, pero ella lo odia y siempre insiste en que la llamen Victoria. E insiste porque Victoria le suena a algo grande, a triunfo, a elegancia, a seda cara. Casi orgasma cuando una voz al teléfono le dice “Señorita Victoria, su taxi la está esperando”, porque siente que no toca el suelo mortal y sueña con una mullida alfombra cubierta de euros proporcionada por un príncipe azul solvente y cariñoso. Victoria tiene 26 años pero aparenta 20; la genética fue generosa con ella y le ha dotado de una cara aniñada y un cuerpo perfecto y elástico. A veces le cuesta creerse hija de sus padres, ellos tan de pueblo,  tan toscos, tan inmigrantes de una Extremadura muerta de hambre. Por eso Victoria no suele hablar de su infancia en un barrio obrero donde a lo máximo que aspiraban las adolescentes es a casarse con “Paco el mecánico” porque “los coches siempre se estropean y tienes el porvenir asegurado”.  Pero no; ella siempre fue un paso por delante de las demás y se dedicó a rechazar sistemáticamente todas las proposiciones que le hacían los chicos -y no tan chicos- del barrio. Ella aspiraba a algo mejor, a salir de esa casa que olía a repollo cocido y a escapar de la mugre emocional que desprendían sus padres y por eso se esforzó en estudiar con ahínco aún a sabiendas de que no iría a la universidad. Su primer trabajo fue en una tienda de ropa, vendiendo supuesto estilo y glamour a bellezas de polígono. Ascendió rápido; como chica lista que era aprendió a representar el papel de dependienta ideal –“Te sienta genial, es que con ese cuerpo ya me dirás, incluso podrías llevar una talla menos si quisieras, no, no, no te hace gorda, es que las tallas las han reducido, ya sabes, los fabricantes que no entienden cómo es el cuerpo de las mujeres, sí, sí, todos gays, qué esperas, ja, ja, ja, entonces te lo llevas, no? ahora te cobro, oye has pensado en llevártelo también en blanco que con tu piel es ideal, ideal ? “– y en poco tiempo Victoria fue la encargada del local. Y fue precisamente ese puesto el que giró su vida 360º. Su tienda pertenecía a una gran cadena y la mandaron a una convención textil como representante. Victoria no era ingénua y sabía que era más debido a cómo quedarían sus larguísimas piernas en la escueta minifalda del uniforme que a sus aptitudes profesionales. Y fue ahí, en el stand en el que se tiraba 10 horas al día promocionando trapos, donde él se acercó y le hizo una broma sobre las pobres modelos. Victoria, viendo su traje, el Rolex y sus maneras desenvueltas de persona de mundo, no le sacó del error y  se dejó envolver en la baba de sus palabras sabiendo cómo acabaría esa noche.  Y por supuesto acabó en el asiento trasero de un Mercedes, desparramando su virginidad en la blanca tapicería de cuero a cambio de una tarjeta de visita que le abriría las puertas de su actual mundo, intercambiando fluidos por pretensiones.  La mente de Victoria vuelve al presente; se baja del taxi y entra en casa.  Tiene un mensaje en el contestador…

Hora: 13:26 pm

Lugar: Consultora, hoy viernes.

Medio: Teléfono personal de la que suscribe

Hecho: Suena el móvil. Veo un número que no conozco, sólo me suena a sureño: 958243775.

Conversación:

Yo: ¿Sí?

(Voz de pijo de medio pelo con ruido de fondo)

Él: Hola, Patricia?

Yo: No, te has equivocado.

Él: ¿Seguro? ¿No eres Patricia? Es que te llamo de la facultad de psicología y…

Bip-bip-bip…

Misteriosamente se “corta” la llamada. No vuelvo a recibir otra.

 Pongo el número en Google y confirmo que es el número de un departamento de la universidad de Granada. Más info: http://www.ugr.es/~psicolo/facultad_direccionesytelefonos-pas.php

 Interesante, verdad? Curioso, al menos.

 Ya lo decía Quevedo:

Si quieres que la gente te siga, camina delante de ellos

Y Mae West:

Cuando soy buena, soy muy buena. Cuando soy mala, soy peor.

 P.D. Me la pela la LOPD…