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Hace calor. Llegan los vestidos de tirantes. Y las gafas de sol. Surgen las tarde tórridas envueltas en sábanas frescas de algodón y lino. Aparecen las ensaladas, zumos y helados en los menús. Las jornadas de trabajo se reducen, las noches se alargan y las siestas nos ovillan en el sofá.

No actualizo por pura pereza. Por una exquisita vagancia que precede a las mini vacaciones. Se llena este país de nazarenos, señoras con mantilla, famosos de largo y medio pelo bebiendo fino y resto de plebe llenando los “chaletes” de verano o las “casas rurales”, es decir, la casa del pueblo de toda la vida de la señá Blasa. Pues jódete Mari Loli, que no. Que ahora se llama “alojamiento rural”, aunque las moscas y la mierda de vaca sean las mismas de siempre.

Temporada de festivales. Nos veremos en el Viñarock, Primavera Sound, FIB, BBK Live, Sónar y algunos otros…

Ayer me compré una edición especial de “Sin noticias de Gurb”. Cómo puede ser tan bueno ese libro???

Tengo tanto antibiótico en el cuerpo  que como me vean los de lejía Estrella, se cargan a la chica del futuro y me hacen ser la nueva protagonista de sus anuncios. Por aséptica más que nada.

Llevo un par de semanas con la bso de “Chico&Rita”. Definitivamente Trueba es casi tan bueno con la música como con el cine. Los no profanos iniciaos con “Calle 54”. Los que ya creáis que la vida es una verde y peligrosa decadencia, id directamente a “Chico&Rita” mientras paseáis por La Habana, Nueva York y París. Me despierto con ella y concilio el sueño con Debussy siempre pasadas las 2 de la madrugada. Tengo la piel como un puzzle, sacrificando piezas por la lectura.

Procuro no encender la televisión. Me da asco lo que veo y sobre todo lo que escucho. Opiniones cada vez más retrógadas y estupideces cada vez más grandes.  Estoy en un país donde sólo movemos el culo para ver a 11 jugadores detrás de una pelotita. Pan y circo. Pero cada vez menos pan y más circo.  Que vivimos en una sociedad libre?? Cómo? Perdona?. Mi definición de una sociedad libre es que es aquella en la que no es peligroso ser impopular. Me pregunto si hay más gente que piensa así. Ortega y Gasset decia que ” El progreso no consiste en aniquilar hoy el ayer, sino, al revés, en conservar aquella esencia del ayer que tuvo la virtud de crear ese hoy mejor “. Señores, que somos unos primitivos emocionales. Y mejor no hablemos de la eficiencia que me sube el colesterol.

Me sumo al pensamiento del  Teniente Coronel Frank Slade: ” No hay nada más desolador que ver una persona con su espíritu amputado, para eso no existen prótesis “.


P.d. Ultimamente paso mucho tiempo por la Fnac.  Descubro pequeñas joyas musicales y literarias por ahí escondidas entre best-sellers y manuales de autoayuda. Y siempre tienen buena música de fondo. La última vez tenían el nuevo trabajo de Bunbury, su directo en el Gran Rex. Estuve buscando una biografía de Goebbels, pero no encontré ninguna. Es curioso que orquestara la gran base del nazismo y no haya ni un libro sobre él en la Fnac. Sin embargo, había varios ejemplares en promoción de las memorias de Mario Conde, con una sonriente  y pija portada. También pregunté por “Jardín de Villa Valeria” de Manuel Vicent, a una empanada dependienta cuyos piercings tintineaban cada vez que movía la cabeza.  Le tuve que repetir el nombre del autor 3 veces.  3 nada menos. Para al final decirme “uis no, es que no me suena, a ver que te lo busco…….. no, ni lo vamos a tener”. Y siguió mezclando el sonido tintineante con el de comer chicle con la boca MUY abierta. 

Esto me recordó una conversación que tuve por msn con Jokerman hace unas semanas:

–  Qué requisitos hacen falta para ser reponedor?

– Los mismos que para ser político.

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Hoy curioseando por la red, me he encontrado esto :

“El filósofo Immanuel Kant decía que mentir es siempre una decisión moralmente equivocada. Pero, ¿es posible vivir sin decir una sola mentira durante un año entero? Esa es la tarea que Cathal Morrow se ha fijado a sí mismo y que nos permitirá conocer el próximo año si es posible, cuando haya terminado su desafío y el libro sobre el experimento, que se denominará “El Kant completo”. Blog de seguimiento del desafío: thecompletekant.com/ ¡Se supone que todo que dice es cierto… o debería…”

Esto me lleva a la eterna discusión de si hay que decir o no mentiras piadosas. La mayoría de la gente me dice que sí, que efectivamente son necesarias. Que no cuestan nada porque se hace feliz a la gente. Pero yo sigo sin entenderlas. Es como crear una especie de mundo ficticio, a dosis pequeñas, eso sí, pero irreal al fin y al cabo. A ver si finalmente el refrán ese de “ojos que no ven, corazón que no siente” va a ser verdad.

Una vez mi amiga Susana me preguntó “¿me queda bien esta falda?”. Inocentemente le contesté la verdad: “Pues no, el leopardo te queda fatal y no sé, te da aspecto de loba”. Contestación de ella “Hala, Mery, pero cómo te pasas tía, qué borde…”

Conclusión: la gente no quiere saber, quiere que tú le confirmes su ilusión, y mira… yo no estoy por la labor. Es curioso, pero me lo podría plantear en el caso de una persona mayor. Y recalco el “plantear”. Quien busca la realidad, merece el castigo de encontrarla.

Otras personas me dicen que esas pequeñas mentiras son necesarias para sobrellevar él día a día. Me lo imagino como un gráfico: subidas y bajadas vertiginosas de la vida real al planeta imaginario. Qué estrés. Además, se me nota en la cara. Por mucha cara de circunstancias que ponga, se me nota. Qué le vamos a hacer. Sin embargo, para el póker no, soy buena jugadora y nadie si es farol o llevo una escalera de color.

Llueve. Y mucho. Por temas que no vienen al caso, estoy en el despacho. Y mira qué horas. Todo está en calma, salvo por la lluvia y una emisora de esas poperas que suena de fondo. Trabajar en el silencio de la noche es brutal. Todo lo que me rodea parece sacado de una fotografía. Si moviera alguno de los bolígrafos o el taco de post its, se rompería el encanto. Lo único que rompe este ambiente de negocios es un pañuelo rojo de seda que he dejado sin darme cuenta encima de un archivador. El eterno “toque femenino”, pensarán algunos. Y no. Pero hace un curioso efecto.

Me encanta la noche. Demasiado. También con la oficina vacía puedo diseccionar a los que se sientan a mi alrededor. Sólo tengo que mirar a través del cristal y fijarme en cómo X ha dejado su silla o en cómo A tiene su calculadora encendida. Hay gente que nunca para; incluso cuando no está.

Sabina tiene una canción…

“Yo le quería decir la verdad por amarga que fuera,

contarle que el universo era más ancho que sus caderas,

dibujaba un mundo real, no uno color de rosa,

pero ella prefería escuchar mentiras piadosas…”