A veces te encuentras en ruinas en casi todos los aspectos de tu vida, y encima, si miras alrededor, a todo el mundo le va mejor que a ti.  La auténtica verdad es que nadie es tan guapo, tan alto y tan delgado como en sus fotos de Instagram, pero tú estás en un bache lleno de barro y ellos cruzan la ruta 66, sonriendo con el pelazo al viento mientras de fondo suena “San Francisco” de Scott McKenzie.
De aquí pasamos al bonito mundo de las contradicciones, al “te quiero pero estoy saliendo con otra”, “yo no te digo que trabajes 12 horas pero tampoco quiero quejas del cliente”, “me gusta la luz cálida pero compro bombillas blancas”, “las cosas nunca van a cambiar”, etc. Y así todo el rato, con promesas frágiles como tartas que se desmoronan ante el egoísmo de una nueva vida. Y yo, que siempre he sido más golfa apandadora que princesa Disney, observo con cierta melancolía desde la barrera los pobres intentos por colarme goles y venderme películas que no querrían ni en los videoclubs de barrio de finales de los 80. Miles de horas desplazadas en segundos por la novedad. Tiene gracia, y, si algún día me pilláis de buen humor, os escribiré el por qué. Citando a mi querido Rober: “no puedo con la estulticia”.
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Mientras todo esto sucede, me dejo acunar por las posibilidades y por la sensación de estar siendo coherente conmigo misma, aunque siempre me queda en el fondo ese regusto amargo de tener que pelear y defenderlo todo. Es como si nunca fuera suficiente, como si la vida a veces se presentara voraz e insaciable, siempre masticando y tragando, inexorable y lenta, acechando en cada esquina y acto.
Tengo una doctora que dice que las decisiones hay que tomarlas con la mente fría y bla,bla,bla. No dudo de su razón, pero dependerá de tu forma de ser, ya que creo que alguien visceral nunca tiene la cabeza fría del todo. Si es malo o bueno, eso sólo lo saben las personas implicadas, y lo mismo para las personas poco empáticas y afectuosas.  Pestañeamos hasta casi 20 mil veces en un día y prácticamente tomamos las mismas decisiones. La pena es que apenas somos conscientes de lo segundo y claro, así nos va.
Quizá ha llegado ese momento en que nuestros demonios necesitan un infierno más grande.

KARTUM…

Publicado: 1 febrero 2016 en La Rebelión De Las Masas

Hace años una persona me propuso matrimonio a diario durante los dos años y medio que duró nuestra relación. No falló ni un día salvo los 5 últimos.

Desde los 7 años he escuchado música a diario. Echad cuentas.

Sólo he tenido una muerte en mi entorno personal y me destrozó para siempre. Cuando pienso en ello me falta el aire y no sé por qué, pero siempre imagino apuñalar un lienzo y rasgarlo de arriba a abajo, notando cómo se rompe cada fibra al paso del cuchillo, expresando el sonido del dolor.

La confesión más extraña que me han hecho fue una madrugada loca, en la barra de un local de Chueca; una chica de unos 30 años, a la que me habían presentado horas antes, me dijo que le excitaban sexualmente los niños. Sobre todo si llevaban calcetines cortos blancos de encaje. Que se lo había contado a su familia y de acuerdo con ella, habían decidido ingresarla en un centro específico de cierta ciudad castellana. Se marchaba en 15 días y nadie de su entorno sabía nada. Ella se «maldecía» a diario; tenía pánico y se mantenía alejada de los críos. No entendía por que le sucedía y buscaba muchas respuestas. Me dijo que me lo había contado porque le inspiraba confianza aún sin conocerme de nada. Pedimos 2 vodkas y le dije que me parecía muy valiente por enfrentarse al problema. La última vez que la vi -esa misma noche- se enrollaba con mi amiga Cris y ambas intentaban seducir a Martin -otro amigo- en un sofá desvencijado.

Odio la canela. Y odio que en los postres la gente sirva siropes, nata, caramelo, toppings y demás mierdas de esas.

Me llevo mucho mejor con los hombres. El problema son sus parejas y los celos, pollos, performances y demás situaciones que acompañan. Tanto que aburren y me da mucha perecita quedar con determinadas personas. Aquí incluyo a esos pobres carentes de personalidad que escuchan y asumen a diario la frase «no quiero que vuelvas a hablar con X». Señores, un poco de fiereza en la vida y quizás también unas gotas de amor propio.

Mola sorprender. Tal y como explica Sean Connery en «Finding Forrester», yo también me pongo los calcetines del revés. Un mucho por comodidad y un poco por rebeldía. Aún así, preguntad a montañeros de verdad y veréis que, en su mundo, es de lo más normal.

Fangoria cantaba eso de «Mientras tanto, miro la vida pasar…» y justo eso es lo que hago yo a través de vuestros estados y fotos de WhatsApp. ¡Qué culebrones! ¡Qué subidas y bajadas de testosterona y progesterona! Es como retornar al instituto y a los 14 años.

Siempre me han atraído las profundidades. “Entre sombras escucho…” que escribió Keats (os recomiendo la VO, “Darkling I listen….”, Ode to Nightingale). Quizá por eso me identifico tanto con Dorian Gray. Lo que me salva es no tener el dinero suficiente para dedicar parte de mi tiempo a esas profundidades. Si lo tuviera, sería terrible porque siempre habrá algo nuevo que probar o alguien nuevo a quien corromper. A veces (ahora mismo, de hecho) me he preguntado si por eso soy una mala persona, pero no consigo definir o encontrar una respuesta clara y completa. ¿Es ilícito o inmoral querer ir más allá o hacer que alguien renuncie a sus teóricos principios o creencias?. Me vais a hablar de respeto, claro, pero… ¿y si yo sé que esa persona o situación realmente quieren ir más allá?. ¿Libre albedrío?, sólo para lo que nos interesa. Detecto anhelos en la gente que me rodea; en el trabajo, en las señoras que viajan conmigo en el autobús, en los que hacen cola en el súpermercado… la gente cree que no, pero cuando dices las palabras adecuadas ves destellos vidriosos en el fondo de sus ojos que sólo tienen una traducción: “quiero más”. ¿Está mal mostrarles el inicio el camino de baldosas amarillas?.

Últimamente no me ubico. Me sorprendo a veces divagando sobre conceptos demasiado grandes. Sin embargo, cada vez me encuentro más incómoda con los pequeños obstáculos cotidianos. Si me apuráis, más harta que incómoda. Veo mucha mediocridad que día a día que me succiona energía vital y me exaspera a partes iguales. Sé que no todo el mundo va a entender la frase, pero a veces me cuesta mucho vivir.
No sé. Yo, que he desafiado océanos, ahora me ahogo en charcos.

UNFORGETTABLE TOO…

Publicado: 16 noviembre 2015 en La Rebelión De Las Masas
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«Un día voy a escribir todo lo que siento. Y vas a leerlo y a preguntarte si se trata de ti. Y probablemente sí. Y posiblemente ya no».

«Lo supe siempre. No hay nadie que aguante la libertad ajena;a nadie el gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, ese es el precio que tienes que pagar: la soledad».

«Se puede matar todo menos la nostalgia (…) la llevamos en el color de los ojos, en cada amor; en todo lo que profundamente atormenta y desata y engaña».

«In me omnis spes mihi est».

«Te vi follar y fallar y no sé cuándo me gustaste más: cuando te contemplé proclamándote diosa o cuando te observé confesándote humana»

P.D. Se avecina tormenta…

Soy muy canalla.
Me encanta esa expresión desde que un italiano me envió una postal a Madrid que decía «Sonríe como tú sabes, canalla!».
Rebel, Rebel que cantaba Bowie.
La piel de los lóbulos de las orejas es excitante; igual que las marcas violáceas de fusta en unos muslos blancos y torneados.
Los colores neón sólo quedan bien en los flotadores infantiles.
Sexo durante los documentales de la familia Panero. Quiero.
Jaque a las reinas de verano con faldas de chambray.
Sabina y su tema «Una de romanos». Penita de cines modernos.
Cicatrices para coleccionar.
Y así todo.

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NORTEN…

Publicado: 1 octubre 2014 en La Rebelión De Las Masas

El fin de una era.
La muerte de una sensación.
El ocaso de aquellos nervios.
La finalización de una aventura.
El desenlace de una película siempre nominada y nunca ganadora.
La última salida.
El tope de todas las preguntas sin contestar.
La meta de esa carrera de obstáculos sin dorsal.
El cierre del telón.

Sherlock: ¿Alguna vez te has preguntado si hay algo malo en nosotros?

Mycroft: Todas las vidas se acaban, todos los corazones se rompen… el cariño no es una ventaja, Sherlock. 

Siempre he tenido claro que las decisiones soy muy hijas de puta. Pero no tanto si lo son más antes o después de ser tomadas.  Decidir es como fumarte el primer cigarro, meterte la primera raya o dejar que ese tipo que te guste meta la mano por debajo de tu falda; es atrevido, arriesgado y casi un poco indecente; te llenas tan sólo con pensar en hacerlo, es la cacería, no cobrar la presa.

A parte del sentir que estás cruzando al lado oscuro, la otra parte melancólica de decidir es esa sensación de miedo, de la eterna pregunta sin respuesta “¿me equivocaré?”, del riesgo no calculado y el vértigo que te marea durante algunos segundos.  Decidir es valiente; te convierte en tu propio héroe y a veces en el de los demás, aunque creo que es más el rebaño subiéndose al carro del pastor. Decides, ergo eres el líder. Luego serás un santo o un cabrón, pero siempre el líder. Oirás cosas como “es un imbécil pero hay que reconocer que sabe lo que hace”. Pues claro que lo sé: DECIDO. Y por eso, porque tengo que decidir, mis niveles de simpatía, empatía y todo lo que acabe en -tía muchas veces están agotados o en low battery y tú lloras porque “no te doy las buenas noches con un beso en la frente”.

Decidir es ser el señor Lobo y solucionar problemas teniendo que levantar una ceja- o las dos- la mayoría de las veces. Casi nadie os lo dirá, pero decidir implica ser humilde. Mucho. Algunos pensaréis que más que humildad es rebajarse  y deshacer los pasos andados.  Os equivocáis, chatis. Reconocer que tu decisión es errónea  es lo más grande incluso antes de existir Rocío Jurado. El problema es lo que cuesta, ¿no? y más aún rectificar. Sí, ya sé eso de “rectificar es de sabios”, pero no, no sabiduría, es supervivencia absoluta por ti, por tus principios y tus creencias. Supervivencia para volver a decidir y pasar por la salida cobrando los 20000 y con la tía buena agarrada del brazo.

Decidir supone mermar considerablemente tus reservas del “y si”. Y si hubiera llamado a aquel chico…y si hubiera ido solo a ver aquella película, y si me cae un tiesto porque salgo de casa, y si pido el aumento y me dicen que no, y si me lo hubiera follado por la oreja…y si, y si… Son como afilados cristales clavándose cada cierto tiempo en tu mente y haciéndote añorar una decisión. Claro que… los anestesiamos vilmente con la falsa seguridad, creyéndonos a salvo hasta la próxima vez que nos asalte el recuerdo. Y creedme, los recuerdos son tan hijos de puta como las decisiones;  juegan en la misma liga y a veces tienen la mala costumbre de compartir campo. Si esto sucede, sé precavido y no elijas al alcohol como árbitro porque terminarás con penalty y expulsión.

 

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P.D. El futuro… 3 años de de estadísticas, monitorizaciones, primarios, servidores, gateaways, sais, SLA, KPIS, Itil, disponibilidad, pasta, problemas y 17 personas a mi lado y contra mí. Un Darth Vader encima de la impresora.  Viejo y nuevo. El mar enfrente y la lluvia como amiga con derecho a roce…

 

 

 

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Todos ellos forman parte de mi vida sea la hora que sea.

Son gente maravillosa que hacen que,  en momentos en los que no espero nada, me hacen sentir que lo tengo todo.

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P.D. Las tórridas, en la siguiente entrega…